¿En qué momento se jodió Hispanoamérica?

Opinión | octubre 13, 2021 | 6:22 am.

¿En qué momento se jodió Hispanoamérica? La pregunta puede parecer impropia pero vale la pena parafrasear a Vargas Llosa en su novela “Conversaciones en la Catedral” buscando identificar el momento crítico en el que Hispanoamérica quebró su rumbo y plantear un debate necesario sobre nuestro pasado que nos lleve a concebir un mejor futuro.

Se trata de determinar de dónde venimos, cómo nos ha ido y cómo nos puede ir mejor. Lo que equivale a preguntarse quienes somos y en qué queremos convertirnos.

Cuatro constataciones evidentes, claras e irrebatibles, pueden ayudar a evocar respuestas:

La primera es que aunque no tenga un solo gobierno, los hispanoamericanos conformamos hoy una nación con un mismo origen, génesis e historia comunes. Con la misma lengua hablada y escrita con reglas únicas y uniformes. Con una misma fe y religión. Con una misma cultura, valores y costumbres más allá de los matices. Con una etnicidad común, que en su variedad racial, tiene componentes comunes que producen una identidad universalmente reconocible. En fin, conformamos un conjunto de estados con geografía contigua y con una misma tradición jurídico-legal. No cabe duda que el hecho histórico del 12 de Octubre marca el nacimiento de esta nuestra nación. Esta y no otra, debería ser la significación de esta efeméride.

La segunda son los efectos del sesgo en la enseñanza de la historia en Hispanoamérica, la cual nos he presentada como un recorrido con dos paradas: el Descubrimiento y la Independencia. No mucho se nos habla de las culturas precolombinas previas y de la etapa republicana contemporánea, pero de lo ocurrido durante los tres siglos intermedios del llamado periodo colonial, apenas se oye hablar. Esta condena a la irrelevancia de nada menos que el proceso de formación de nuestros países es evidentemente voluntaria y se explica por razones políticas: el desmerecimiento de la calidad del régimen provincial bajo el Imperio Español, la justificación de los, no en pocos casos trágicos y conflictivos, procesos de independencia y por último, la necesidad de fomentar un patriotismo utilitario para consolidar las repúblicas independizadas. Sin duda el descoyuntamiento del Imperio Español marca ese momento del “dilema vargasllosiano”.

La tercera es la pésima calidad de los regímenes surgidos de las guerras de independencia, que después de dos siglos de inestabilidad política y de empobrecimiento de las otrora provincias prosperas, constatamos que Hispanoamérica se encuentra sumida en el atraso económico y la debilidad institucional. Todos y cada uno de los países hispanoamericanos han disfrutado de periodos de auge y estabilidad, pero ninguno ha sido capaz de hacerlos perdurables.

La cuarta es que ante el conjunto de intereses, problemas y desafíos comunes a todos los países hispanoamericanos y la amenaza aniquilación cultural por fuerzas internacionales globalizantes, sólo queda la recomposición de una nueva nación común, continuidad de la que tuvimos. Si lo logramos, habremos protegido nuestra identidad y así ocupar el puesto en el mundo nos merecemos, uno de los seis grandes pueblos a escala planetaria que prevalecerán en población, extensión territorial y cultura.

Esta nueva nación se debería constituir en confederación de las repúblicas y estados preexistentes, que continuarán ejerciendo un alto grado de autogobierno, dejando a un gobierno confederal central funciones como las relaciones internacionales y el servicio exterior, la operación de un sistema unificando de justicia con leyes compatibles, tribunales de alzada y de instancia superior y de un Tribunal Supremo, comunes a todas las repúblicas, también la de una moneda común, El Peso y un sólo banco central coordinando la política monetaria de los bancos centrales de todas las repúblicas, y las de unas fuerzas armadas comunes y alianza militar para la defensa mutua.

Evidentemente regiría en esta confederación, absoluta libertad de circulación de bienes y servicios entre los países, con un arancel común externo. Habría un solo tratamiento legal para las inversiones extranjeras, convergencia de normas y reglamentos para el comercio y la industria, un sistema de identificación de los ciudadanos unificado y operado coordinadamente por cada república, en fin, un vastísimo campo de cooperación y asistencia mutua.

Hispanoamérica es una nación que nació el 12 de octubre de 1492 y fue descoyuntada por la guerra de independencia durante las dos primeras décadas del Siglo XIX. Después de dos siglos de fracasos se impone una nueva estrategia: el recomponer y articular esa nación que fuimos.

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