El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, anunció este lunes 19 de enero una nueva etapa en la política energética hacia Venezuela. Washington ha comenzado a vender activamente el crudo interceptado en los tanqueros de la nación suramericana, redirigiendo la mayoría de los barriles hacia las refinerías de la Costa del Golfo. El funcionario aseguró que la totalidad de los ingresos generados por estas operaciones será transferida a Venezuela para «ayudar al país a ponerse de pie nuevamente».

En una entrevista ofrecida a la cadena Fox News, Wright desglosó la estrategia que busca un beneficio dual. Por un lado, se reactiva el suministro de crudo pesado para el cual fueron diseñadas las refinerías de Texas y Luisiana hace cinco décadas. Por otro, se busca impactar la economía interna estadounidense reduciendo los costos no solo de gasolina y diésel, sino específicamente del asfalto, un insumo clave para el auge de la construcción que proyecta la administración.

Más allá de lo comercial, Wright enmarcó esta decisión como una maniobra de seguridad hemisférica. El objetivo declarado es cortar los lazos de dependencia que el régimen anterior había tejido con potencias rivales. «Vamos a poner fin a esto», sentenció el secretario, refiriéndose a la influencia de Irán, Rusia, China y Cuba en la región, actores a los que Washington busca desplazar recuperando el control del mercado energético venezolano.

El plan contempla que, aunque una fracción del crudo vaya a mercados de Europa y Asia, el grueso de la exportación alimente la demanda estadounidense, garantizando que la renta petrolera retorne a Caracas bajo la supervisión del gobierno encargado, en lugar de financiar supuestas estructuras ilícitas.