El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar, Majed Al-Ansari, recientemente aseguró a un medio de noticias colombiano que mantiene abierto un canal de comunicaciones entre Estados Unidos y Venezuela, dirigido a “discutir ideas” que puedan contribuir con la desescalada en las tensiones por el operativo militar desplegado en el mar Caribe por orden de Washington para combatir el narcotráfico.

Las declaraciones del funcionario se producen en medio de versiones extraoficiales según las cuales Miraflores habría solicitado la mediación del Estado árabe para abrir un diálogo con la Casa Blanca, ante el temor de un ataque militar en su territorio.

La preocupación se evidencia con la declaratoria de un estado de conmoción exterior que el líder chavista Nicolás Maduro estaría a punto de decretar, mientras el presidente de EE. UU., Donald Trump, anuncia que monitorearán a narcotraficantes venezolanos “en tierra”.

“Nuestro canal de comunicaciones ha sido utilizado por EE. UU. y Venezuela en varias ocasiones y continuamos con ese canal; está produciendo lo que debe producir, que es una línea abierta para atraer y discutir ideas que puedan desescalar”, declaró Al-Ansari a Noticias Caracol.

Facilitador neutral

Para el politólogo Joaquín Ortega, una nueva intervención de Qatar conduciría probablemente a resultados “prácticos” que permitan “estabilizar” la situación de crisis venezolana, sin que implique un cambio de gobierno.

Pero advierte que ello dependerá del gobierno de Trump, que hasta ahora no parece dispuesto a hablar con Miraflores más allá del tema de los vuelos con migrantes venezolanos deportados, a través del enviado especial Richard Grenell, y parece priorizar la “máxima presión” sobre un diálogo, mas si la intención de Maduro es solo ganar tiempo.

“Qatar, con su historial como mediador en conflictos internacionales, puede desempeñar un papel relevante como facilitador neutral en el contexto venezolano, especialmente en un entorno geopolítico multipolar donde las potencias tradicionales buscan actores no alineados para gestionar tensiones sin comprometer su posición”, señala Ortega.

El profesor de Teoría Política de la Universidad Central de Venezuela (UCV) recordó que la mediación internacional puede entenderse como un proceso estructurado que busca generar confianza entre partes enfrentadas, promoviendo diálogo sin imponer soluciones, en lo que Qatar parece llevar un buen récord, reseña Efecto Cocuyo.

“Qatar, gracias a su experiencia previa en el caso venezolano, como las negociaciones secretas de 2023 que culminaron en un canje de prisioneros y las reuniones de 2024 que lograron un alivio temporal de sanciones, tiene la capacidad de actuar como un puente diplomático entre actores con intereses divergentes, como Estados Unidos, Venezuela y, potencialmente, Guyana”, sostuvo.

Sustituto de Noruega

Para el presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela, Juan Francisco Contreras, las credenciales del país árabe por su participación en negociaciones complicadas, como la que se busca entre el Estado de Israel y Hamas, lo convierten en un actor confiable para buscar nuevas conversaciones directas entre EE. UU. y la administración de Maduro que hasta ahora lucen improbables.

“Ha venido sustituyendo a Noruega en ese plano. Es importante que se establezcan puentes porque la diplomacia es esa, la búsqueda de salidas a situaciones que se presentan y las dificultades para establecer diálogos directos que parece ser el caso de Venezuela”, expresó el internacionalista.

Actualmente, Qatar es valorado internacionalmente como «mediador clave” en conflictos como el de Medio Oriente, en el que actualmente ha facilitado acuerdos de alto al fuego entre Israel y Hamás. También se le reconoce que ha colaborado en la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Irán, Afganistán y Venezuela, así como en la devolución de niños ucranianos a sus familias tras haber sido llevados a Rusia, en medio de la guerra entre ambas naciones.

Según nota publicada por la DW, Qatar ha presidido avances diplomáticos en los conflictos Sudán-Chad, Eritrea-Yibuti, y en el acuerdo de paz de Darfur de 2011. En 2020, también ayudó a negociar con el grupo extremista talibán la retirada de EE. UU. de Afganistán. Asimismo, fue mediador en la Declaración de Principios de Doha entre los rebeldes del M23, respaldados por Ruanda, y la República Democrática del Congo.

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