El politólogo Pablo Andrés Quintero explicó este jueves por qué los venezolanos están perdiendo interés en los dirigentes políticos «narcisistas»: «Aquellos que son reconocidos como actores de televisión».
Así lo suscribe un artículo que escribió para El Cooperante, en el que afirmó que una parte de la dirigencia opositora se está «desvaneciendo lentamente» y la atención de los ciudadanos se ha reducido a sus propias necesidades personales y familiares.
«Esa época de los discursos engolados, de consignas furiosas bajo el sol de una calle de Chacao parece que ha finalizado, al menos por ahora. Después de todo lo sucedido a lo largo de estos últimos cinco años, nadie es popular en las encuestas y principales estudios de opinión. Los autodenominados dirigentes terminaron por transformarse en cronistas o reporteros de la realidad que no logran sintonizar con el sentir de la gente real», sostuvo.
A su juicio, la población venezolana se ha desmarcado de estos «políticos que viven de la autopercepción narcisista de que son líderes que dirigen masas, que son reconocidos como actores de televisión, que son referentes para las nuevas generaciones, que son personas escuchadas con atención».
En realidad, se trata de una autopercepción creada sobre la histórica tara política del estereotipo de “dirigente político de estirpe” que se auto vanagloria. Un prospecto de opositor cuya moral y visión de mundo se posiciona por encima del bien y del mal. Al final, todo se reduce a una forma de vivir navegando entre los asuntos públicos en la que el hombre, lejos de serle útil a la ciudadanía, termina siendo un elemento decorativo que no suma ni resta, un peatón más.
«Este conglomerado político está a punto de desaparecer por razones biológicas y circunstancialmente políticas. El país les está pasando por encima».

