La región del Catatumbo, en Colombia, sufre desde hace un mes la peor crisis humanitaria de su historia reciente, producto de los intensos enfrentamientos entre el ELN y las disidencias de las FARC. Mireille Girard, representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Colombia, confirmó que al 14 de febrero, 84.621 personas han sido impactadas, mayoritariamente desplazadas por la violencia que azota esta zona fronteriza con Venezuela.

Girard describió a la agencia de noticias EFE una situación apremiante: «La violencia en el Catatumbo ha generado el mayor desplazamiento masivo desde que tenemos registros en Colombia. Hay comunidades y familias confinadas, con movilidad restringida y acceso limitado a alimentos, atención médica y ayuda humanitaria». Las cifras de Acnur revelan un panorama desolador: 52.286 desplazados, 19.000 con restricciones de movilidad, 8.668 confinados y 4.667 refugiados y migrantes venezolanos, todos afectados por la lucha territorial entre estos grupos armados.

Desde el 16 de enero, la violencia ha cobrado al menos 56 vidas, según las autoridades, en una región conocida por sus cultivos de coca y su importancia estratégica para el narcotráfico. Las comunidades indígenas, como los yukpa y los barí, se encuentran en una situación particularmente vulnerable, atrapadas entre los conflictos que se extienden a ambos lados de la frontera con Venezuela.

Los niños son otra víctima silenciosa de este conflicto. Girard destacó que la educación se ha visto interrumpida, dejando a los menores «desprotegidos, expuestos a vulneraciones, posiblemente también a temas de violencia de género y de reclutamiento forzado». La crisis afecta desproporcionadamente a las poblaciones indígenas y afrodescendientes, quienes viven en áreas controladas por múltiples grupos armados.

A pesar de los esfuerzos de las alcaldías locales, los recursos se agotaron rápidamente frente a la magnitud de la crisis. Girard enfatizó la necesidad de que el Estado intervenga con servicios y protección efectiva para permitir que las comunidades del Catatumbo vivan en paz. Además, subrayó la importancia de brindar asistencia a los desplazados para que puedan regresar a sus tierras y reconstruir sus vidas, ya que «antes tenían sus fincas, sus animales, pero ya no tienen eso para sobrevivir». ACNUR ha respondido distribuyendo más de 40.000 kits de higiene personal, intentando aliviar la situación de los afectados en medio de esta crisis humanitaria sin precedentes.