«Esto no se me va olvidar más nunca en la vida”, aseguró Aura al dibujar con precisión un plano de la cárcel en la que estuvo recluida por casi cuatro meses y donde -según confesó- pensó acabar con su vida.

«No se me borra nada de esto”, lamentó esta mujer de 49 años en una entrevista a la Voz de América desde la misma casa de la que fue sacada violentamente la madrugada del 26 de agosto por efectivos de seguridad.Aura no es su nombre real, pidió cambiarlo por temor, debido a que su caso sigue abierto.

Es líder vecinal y tiene a su cargo una nieta de cinco años, que cree que todo este tiempo estuvo en “un trabajo malo que no le pagó”.

Mientras habla, su mamá y su hermana contienen el aliento y bajan la mirada. Tienen que fingir que nada pasó y mantener la historia de que Aura tenía un empleo fuera de la ciudad y no tenía permiso para regresar a casa.

Al menos eso le dijeron a la niña.“Pensaba mucho en mi nieta, porque su mundo gira en torno a mí, tengo siete nietos, pero ella es más apegada a mí”, insistió la activista.En prisión, Aura comenzó a sufrir ataques de pánico. “Mis esperanzas fueron disminuyendo poco a poco”, confesó.