¿Hasta cuándo esperaremos por Guaidó?

Opinión | abril 18, 2020 | 6:16 am.

Resulta indudable que buena parte de la culpa por el genocidio que azota a Venezuela recae sobre los hombros de esa oposición electorera y masoquista que primero dio pie al ascenso del socialismo al poder político, garantizando además su actual permanencia en el poder. Ello contra toda lógica y razón. Igualmente cierto el que la Presidencia Encargada se encuentra en manos de un dilecto representante de esa oposición oficialista, que ajena a los intereses nacionales se dedica en tiempo completo a preservar y consolidar sus beneficios personales y grupales.


Solo así adquiere sentido la irrelevancia del Presidente Encargado para cumplir la misión libremente asumida por él, ese 23 de enero de 2019: Coordinar el inmediato restablecimiento del orden constitucional, poniendo fin a la masacre en curso. Sin embargo vemos con estupor como desde entonces la gestión del precitado mandatario se ha caracterizado precisamente por su contradicción de pensamiento y acción en relación al objetivo planteado, así entonces pasó a convertirse en la mejor garantía de continuidad para el socialismo criollo, haciendo caso omiso a la tragedia humanitaria de una sociedad que muere de hambre, enfermedad y hampa, siempre bajo la receta socialista.

Ahora bien, el presente escenario dominado por el «virus de China», como ya es costumbre va siendo utilizado eficientemente por el Estado criminal socialista en el poder, mientras la Presidencia Encargada sigue tan desorientada como el 23 de febrero de 2019, fecha de la fracasada operación para ingresar la ayuda humanitaria internacional a la República de Venezuela. Revés que nunca pudo superar habida cuenta la notoria ineptitud del personaje de marras para cumplir cabalmente la encomienda que de él se esperaba.

A la fecha presente sólo la proverbial asertividad del actual Presidente de los Estados Unidos de América en su empeño por la liberación de Venezuela puede abonar un voto de confianza en esta larga espera por el retorno democrático a nuestra «Pequeña Venecia». Ora y labora.

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