La omertà del coronavirus

Opinión | marzo 18, 2020 | 6:18 am.

La omertà forma parte del código mafioso siciliano, específicamente de la Cosa Nostra. Popularizada por el escritor Mario Puzo en la novela El Padrino, la omertà es el código del silencio, la ley no escrita que dicta que ningún mafioso debe delatar a su organización ni rebelar sus delitos. La lealtad y obediencia es absoluta entre los gánsteres de una misma pandilla.


En harta cantidad de ocasiones hemos dicho que el régimen de Nicolás Maduro es un Estado mafioso, un narcoestado mafioso para ser más precisos. Y como tal se comporta. No solo robando y destruyendo a placer al país, también aplicando la omertà en todas las circunstancias posibles. Estos criminales y facinerosos han negado sistemáticamente cualquier actividad y rastro de sus múltiples delitos y traiciones. No solo eso, como buenos rufianes persiguen, torturan y asesinan a quienes exponen sus fechorías. Desde el desastre del sistema eléctrico nacional, que el infame Hugo Chávez se empeñó siempre en negar; pasando por el ocultamiento de las cifras macroeconómicas como el desempleo o la inflación; incluyendo la evaporación de los informes de la delincuencia del país, con este nefasto narcorégimen cualquier vestigio de datos oficiales ha desaparecido desde hace años.

Con el sistema sanitario nacional ha sido exactamente igual. Los boletines epidemiológicos se dejaron de publicar. No hay cifras confiables acerca de la prevalencia de enfermedades como la malaria, el paludismo, la difteria o el sarampión en Venezuela. Enfermedades que fueron erradicadas en su momento y que hoy forman parte de la morbimortalidad nacional.

Tampoco tenemos datos de cuántos médicos hay (todavía) en el país, cuántas enfermeras, cuántas camas hospitalarias o, lo que es más grave, cuántas camas de cuidados intensivos están operativas. Cualquier médico que haga una denuncia al respecto, de inmediato es silenciado por el narcorégimen a través de sus rastreros acólitos del poder judicial: debe imperar la omertà.

Mientras tanto, se nos vino el coronavirus. El discurso de estos truhanes será idéntico: “tenemos los mejores hospitales” (nadie sabe dónde), “estamos preparados” (no sabemos para qué), “hemos controlado los casos” (mejor agregue dos ceros a las cifras del gobierno), “la enfermedad está contenida” (en sus mentes), etc., etc.

Amigo lector. La verdad cierta es que los hospitales carecen de luz y de agua. No llegan a cien las camas de cuidados intensivo en todo el país. Las ambulancias no están operativas. Las medicinas son inexistentes y prácticamente todos los médicos competentes se han ido del país. Dura es la verdad, pero es la verdad.

En esta hora negra que vivimos, seamos lo más cuidadosos con la salud nuestra y la de nuestra familia. Hagamos las cosas básicas porque no podemos confiar en el narcorégimen y el destruido sistema sanitario. Lávese las manos, evite salir en la medida de lo posible (no pensemos que estamos de vacaciones para irnos a playa, al cine o al fiesta del amigo), disminuyamos los factores de riesgo. En una palabra: cuidémonos.

Los venezolanos nos hemos convertido en una especie sobreviviente por excelencia y de esta pandemia también saldremos. Golpeados pero saldremos. Que la Providencia nos ayude en las horas menguadas por venir.

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