La ONG Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) advirtió este lunes a través de un comunicado que la crisis eléctrica no solo afecta el funcionamiento de los servicios públicos, sino que también altera las condiciones para el ejercicio de derechos y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
«Experiencias recientes documentadas por Cecodap en centros educativos del país muestran que las altas temperaturas y las interrupciones de servicios han dejado al descubierto problemas acumulados de infraestructura: escuelas con ventilación insuficiente, limitaciones para acceder al agua potable, baños inoperativos y condiciones que dificultan permanecer durante la jornada escolar», reza una parte del comunicado.
Debido a esto la ONG señala que hay niños y niñas que reducen el consumo de agua potable para evitar utilizar baños que no funcionan, estudiantes que enfrentan jornadas escolares en condiciones de calor que afectan la concentración y el aprendizaje.
«Hay adolescentes que intentan hacer sus asignaciones académicas mientras también viven interrupciones constantes del servicio en sus hogares. Cuando estas condiciones se prolongan, el impacto deja de ser únicamente una dificultad en la vida cotidiana y comienza a afectar el ejercicio efectivo del derecho a la educación, al descanso, al desarrollo integral y, en definitiva, al derecho a la salud mental», apunta Cecodap.
La incertidumbre, los cambios constantes en los horarios, la interrupción del sueño, la pérdida de conectividad y el aumento del estrés familiar también pueden producir cansancio emocional, ansiedad, irritabilidad, dificultades de concentración y sensación de agotamiento, enumeran.
Asimismo, indican que estos efectos no deben minimizarse. «Niños y niñas necesitan estabilidad para desarrollarse. La adolescencia necesita espacios para estudiar, descansar, mantener vínculos y construir proyectos a corto y largo plazo. Cuando estas condiciones se alteran de forma prolongada, el impacto puede acumularse».
Recomendaciones de Cecodap
- Mantener algunas rutinas posibles: no se trata de sostener la normalidad en condiciones adversas. Si los horarios cambian, intentemos conservar algunos momentos previsibles para dormir, comer, conversar o estudiar.
- Explicar lo que ocurre con lenguaje adecuado para cada edad: los niños, niñas y adolescentes perciben el estrés de los adultos. Explicar la situación con palabras adecuadas para su edad suele ser más protector que guardar silencio o transmitir incertidumbre permanente.
- Crear espacios de desconexión emocional del problema: cuando sea posible, reservar momentos para jugar, leer, conversar o compartir actividades familiares ayuda a disminuir la sensación de descontrol.
- Proteger especialmente el descanso y la hidratación: buscar estrategias para mantener ventilación, consumo adecuado de agua y períodos de reposo.
- Observar señales de malestar emocional: cambios persistentes en el sueño, irritabilidad intensa, aislamiento, miedo excesivo, tristeza prolongada o dificultades importantes de conducta pueden indicar necesidad de apoyo adicional.
- Escuchar especialmente a la adolescencia: ellos también enfrentan pérdidas y frustraciones. Escuchar cómo viven esta situación y permitirles participar en decisiones cotidianas fortalece sus capacidades para afrontarla.
- Prestar especial atención a niños, niñas y adolescentes con discapacidad o necesidades de salud: cuando sea posible, anticipar necesidades prioritarias (alimentación, medicinas u otras particulares), mantener disponibles contactos de apoyo.
- Buscar apoyo en la comunidad: las redes familiares, vecinales y educativas siguen siendo espacios importantes para compartir información, acompañarse, encontrar soluciones y reducir el aislamiento.

