Representantes del sector público y privado suscribieron este viernes 10 de abril en Caracas un plan estratégico que busca lograr la certificación de Venezuela como territorio libre de fiebre aftosa, una enfermedad viral que afecta al ganado bovino y porcinino. El acuerdo, firmado en la sede de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), establece una hoja de ruta centrada en la vacunación masiva para erradicar el virus y cumplir con los estándares internacionales exigidos para el comercio de proteína animal.
El plan cuenta con el respaldo del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria de la OPS, cuyo asesor, Diego Vialli Dos Santos, destacó la importancia de este paso para la región. «Venezuela es la última frontera en nuestro continente que necesitamos trabajar para lograr la certificación», manifestó Vialli, quien subrayó que la enfermedad tiene un impacto «muy fuerte» en el comercio internacional y en la seguridad alimentaria al reducir la producción de carne y leche.
Por su parte, el director nacional de salud animal integral del Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Insai), Wilmer Alcázar, anunció que el primer ciclo de vacunación del año iniciará el próximo 1 de mayo. El funcionario aseguró que el país suma 13 años sin reportar incidencias de fiebre aftosa, pero explicó que ahora se debe «transitar en una última fase» para demostrar técnicamente ante los organismos internacionales que el virus no circula en los rebaños nacionales.
El cumplimiento de este cronograma depende del compromiso de los ganaderos en todo el territorio nacional para garantizar la cobertura inmunológica. «Pido a los productores del país comprometerse con la vacunación masiva de animales para lograr el certificado», manifestó Labrador, presidente de la Fundación Venezolana de Servicios de Salud Animal (Funvessa), instancia que agrupa al sector privado en esta iniciativa sanitaria.
La OPS advierte en sus informes técnicos que la fiebre aftosa es altamente contagiosa y genera consecuencias socioeconómicas severas, con pérdidas globales que pueden superar los 20 billones de dólares anuales en las naciones afectadas. La organización señala en su portal web que esta patología está asociada a graves problemas sociales, especialmente en las poblaciones más vulnerables que dependen de la actividad pecuaria.

