Mientras Estados Unidos amenazaba el control de Nicolás Maduro sobre el poder en los últimos meses, un grupo de ejecutivos, abogados e inversionistas vinculados a la industria petrolera expuso su postura ante cualquiera que quisiera escuchar —la administración Trump, asesores del Congreso—: su conocida número dos, Delcy Rodríguez, debía ocupar su lugar en Venezuela.
Como ministra de Petróleo, Rodríguez fue durante años el contacto de referencia para altos ejecutivos, a quienes impresionó al conducir la industria venezolana entre sanciones internacionales, presiones económicas y mala gestión interna. Pese a su lealtad al régimen de Maduro, estaba mejor posicionada para encauzar el plan de Estados Unidos de devolver a Venezuela a sus días de gloria como potencia petrolera, sostuvieron ejecutivos y lobistas.
El círculo íntimo del presidente Donald Trump llegó a la misma conclusión, aunque personas familiarizadas con el asunto dicen que lo hicieron de manera independiente. Ambos grupos creían que la vicepresidenta, vista desde hace tiempo como un puente entre el gobierno y el sector privado, podría estabilizar la economía petrolera venezolana y facilitar los negocios estadounidenses más rápido que la dirigente opositora María Corina Machado, según las fuentes.
Funcionarios de la administración tuvieron presente el caos que siguió en Irak tras la caída de Saddam Hussein. Más allá de los intereses empresariales, mantener cierta continuidad operativa será clave para una transición exitosa, una que la administración Trump aún no define. Y Rodríguez cumple ambos requisitos: supervisa el aparato petrolero venezolano y tiene décadas de relaciones dentro del bastión socialista que permanece en el gobierno.
Los defensores de Rodríguez no incluyeron directamente a las grandes petroleras estadounidenses, que se vieron sorprendidas por la salida de Maduro y todavía intentan coordinar con Washington los próximos pasos, según personas al tanto. Pero existe un universo más amplio de compañías de Estados Unidos e internacionales que operaron en Venezuela durante años y muchas tienen contactos en la Casa Blanca y en el Capitolio, añadieron, recoge Bloomberg.
Un portavoz de Chevron Corp. (CVX), la única gran petrolera estadounidense con licencia para operar en Venezuela, dijo que la empresa “no tuvo aviso previo de la operación reciente y no participó en discusiones con funcionarios de la administración sobre la gobernanza de una Venezuela posterior a Maduro”. También señaló que las operaciones continúan sin interrupciones y en pleno cumplimiento de las leyes y regulaciones.
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