En una reciente aparición pública en la zona de Macarao, Caracas, el mandatario Nicolás Maduro se refirió a su situación financiera personal, asegurando que sus ingresos mensuales ascienden a apenas dos petros (aproximadamente 120 dólares).
Con un tono coloquial, Maduro relató que sus ingresos son depositados en una cuenta de ahorros a la que, según él, raramente tiene acceso directo. En un momento de humor, responsabilizó de manera jocosa a su esposa, Cilia Flores, de administrar los fondos antes que él.
«Yo no soy magnate, ni quiero riqueza material para mi vida, tengo una sola cuenta, una cuentica de ahorro, donde me depositan mi sueldito de presidente, que no le veo la cara, yo gano dos petros», dijo.
Incluso mencionó que recientemente recibió sus bonificaciones de fin de año («aguinaldos») con la intención de compartirlos con amistades, pero que no pudo disponer del dinero. «Cilita se entera de mis claves aunque las cambie», bromeó ante los asistentes.
Este relato sobre sus finanzas personales surge en un momento de extrema precariedad para el sector laboral venezolano, donde la brecha entre los ingresos y el costo de vida es abismal, recoge El Impulso.
Mientras el mandatario habla de un ingreso de 120 dólares, el salario mínimo oficial en el país se mantiene congelado desde marzo de 2022 en apenas 130 bolívares, una cifra que, debido a la constante devaluación, representa apenas $0,40 a la tasa oficial.
Si bien la administración ha intentado compensar este estancamiento mediante la entrega de bonos como el de «Guerra Económica» y tickets de alimentación, estas bonificaciones no tienen incidencia legal en las prestaciones sociales ni en las pensiones, dejando a los trabajadores sin ahorros reales ni protección para el futuro.

