El ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, rechazó contundentemente las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, calificándolas de «delirantes» y «aberrantes».
Durante la emisión de su programa Con el Mazo Dando este miércoles 17 de diciembre, el dirigente oficialista aseguró que las amenazas y reclamos de la Casa Blanca han generado una «indignación general» que trasciende las barreras ideológicas, uniendo supuestamente a chavistas, opositores, trabajadores y empresarios en rechazo a la pretensión de despojo de los activos nacionales.
Para el también primer vicepresidente del Partido Socialista Unidos de Venezuela, el mensaje de Trump constituye una confesión involuntaria que deja al descubierto las verdaderas motivaciones de Estados Unidos. «Aquí se caen las caretas», sentenció Cabello, argumentando que la narrativa sobre la lucha contra el terrorismo, el Tren de Aragua o la defensa de la democracia ha quedado desmontada. «¿Qué Venezuela le está robando a EE.UU. tierra? ¿petróleo? ¡Por Dios! Revise la historia», increpó, afirmando irónicamente que las calles de Nueva York y Washington «están asfaltadas con petróleo venezolano robado» a lo largo de décadas de explotación desigual.
Del mismo modo, Cabello desmintió las acusaciones sobre el uso de la migración como arma y contraatacó señalando a las redes internas en Estados Unidos. «Allá tienen una red de coyotes que fueron los que promovieron el tráfico de personas», aseveró. Además, reveló un dato técnico sobre la cooperación bilateral: denunció que desde el pasado 10 de diciembre, las autoridades estadounidenses no han autorizado el aterrizaje de vuelos con repatriados, a pesar de que Venezuela es el único país con un acuerdo formal vigente para el retorno ordenado de migrantes.
El funcionario concluyó alertando que el país enfrenta no solo un bloqueo naval, sino una escalada de «terrorismo psicológico» impulsada por lo que describió como un «imperialismo decadente y enfermo». Según Cabello, la administración Trump, al centrar su discurso en la recuperación de «derechos energéticos», confirmó ante el mundo que el conflicto no es político, sino un intento directo de apropiación de las riquezas naturales venezolanas.

