El menor de edad que disparó al congresista fallecido Miguel Uribe Turbay en Colombia, relató cómo le ofrecieron 20 millones de pesos para que cometiera el sicariato y hasta fue amenazado para que cumpliera con el «trabajo» sino quería que su familia pagara las consecuencias.
Semana publicó un reporte exclusivo este sábado, que contiene el testimonio íntegro y destacó que el menor de edad recibió una pistola, una foto de Uribe Turbay y la orden de «vaciarle toda la munición». Además, le indicaron que tendría cinco minutos para huir del lugar porque «toda la policía estaba comprada».
Fue citado en un parque, y le pidieron moto para que se trasladara. A los pocos minutos llegó un hombre acompañado de una mujer que portaba un vestido rosa. “El man me dice: ‘Bueno, manito, ya sabe qué hacer’. Yo le dije: ‘No, a mí el Caleño no me dijo qué’”.
Ahí escuchó el mensaje con la orden criminal: “‘Pille, toca acostar a este man’ y me mostró una foto en un teléfono. Mientras que él me mostraba la foto, la mujer se sacó el arma y como de la cintura del proveedor, lo sacó del bolso rosado (sic)”.
Mientras le daba las indicaciones, el joven le aseguraba que no tenía ni idea de que ese era el “trabajo”. “A mí el Caleño no me dijo que tocaba hacer ese tipo de vuelta. Y el man me dice: ‘Pero usted ya no se puede retractar, a menos que quiera que su familia esté en riesgo y usted también (…) Usted sabe, me toca callarlo’”.
Con esta amenaza, el hombre, que luego fue identificado como Élder José Arteaga, alias el Costeño o Chipi, dio las instrucciones para que disparara el arma. “Me mostró de nuevo la foto y me dijo que toca acostar a este man, esta es el arma que se le va a dar, ¿usted la quiere en ráfaga o tiro a tiro?”, narró el menor.
Con sangre fría y nulo respeto por la vida, Chipi le aseguró al menor de edad que quería que le descargara “todo el proveedor” al dirigente político. “Para eso tiene harta munición”, le advirtió mientras le mostraba el lugar donde quería que le disparara: “Detrás del cuello”.
“Yo le dije: ‘Máximo le pego dos tiros y me voy’. Él me dijo: ‘No. Yo quiero que le pegue de seis a siete tiros o mínimo cuatro’”. En su vuelta al parque, mientras esperaba las indicaciones, el joven había notado presencia policial.
Frente a esta preocupación, Chipi le soltó una frase: “De todas maneras, esté tranquilo porque la Policía ya está toda comprada y tiene cinco minutos para salir del lugar. Ellos se van a hacer los bobos como cinco minutos y usted tiene que correr, montarse a la moto y salir”.
Mientras el joven procesaba la información, el hombre tatuado llamó a otro, con acento paisa, para preguntarle por el uso del arma. La persona que estaba en línea, que no ha sido identificada, le dijo que quería que le “pegara los tiros en la cabeza y la espalda”.

