El ejército estadounidense llevó a cabo un segundo ataque letal, conocido como de «doble toque», contra un supuesto barco cargado de drogas en el Caribe el pasado 2 de septiembre, con el objetivo de eliminar a los sobrevivientes del asalto inicial, lo que provocó la muerte de 11 personas y desató una profunda crisis legal y militar dentro del Pentágono.
Fuentes familiarizadas con el asunto indicaron a CNN que el segundo ataque fue necesario para hundir el buque y matar a la tripulación restante después de que el asalto inicial no lograra eliminar a todos los que iban a bordo.
La controversia se intensifica porque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, había ordenado a los militares antes de la operación que se aseguraran de que el ataque asesinara a todos los que estaban a bordo, aunque la administración nunca reconoció públicamente haber matado a los sobrevivientes. Abogados y expertos en derecho internacional argumentaron que esta acción podría violar el Derecho de los Conflictos Armados (LOAC) , el cual prohíbe la ejecución de combatientes enemigos que estén «fuera de combate» debido a una lesión o rendición.
Analistas señalaron que, dado que los presuntos narcotraficantes son legalmente civiles y no combatientes, los ataques podrían equivaler a ejecuciones extrajudiciales, especialmente porque los sobrevivientes del ataque del 2 de septiembre estaban prácticamente incapacitados y no representaban una amenaza inminente.
Esta polémica fracturó la cúpula militar: el comandante del Comando Sur de EE.UU., el almirante Alvin Holsey, cuestionó la legalidad de los ataques y presentará su renuncia en diciembre. Además, el Reino Unido dejó de compartir información de inteligencia sobre supuestos barcos de narcotráfico con Estados Unidos para no ser cómplice de lo que considera ataques ilegales.
A pesar de la fuerte oposición interna, la Casa Blanca ha defendido la campaña citando una opinión legal clasificada del Departamento de Justicia que autoriza los ataques letales contra aproximadamente 24 cárteles de la droga en defensa propia, alegando que representan una amenaza inminente. Sin embargo, este argumento se debilita por el hecho de que en al menos un caso, una embarcación había dado la vuelta y se alejaba de Estados Unidos antes de ser impactada.
Todo esto ocurre mientras el presidente Donald Trump declaró este jueves que las acciones para detener presuntas redes de narcotráfico en tierra en Venezuela podrían «comenzar muy pronto», escalando la controversial campaña militar a territorio firme.

