Daniel Ortega y Rosario Murillo presidieron la noche del sábado 19 de julio el 46° aniversario de la Revolución Sandinista en la Plaza la Fe, en Managua, en una de las celebraciones con más tinte foráneo de la que se tenga memoria. En su alocución, de 81 minutos, Ortega ordenó redoblar la “vigilancia revolucionaria” para “capturar y procesar a los vendepatrias” en los barrios del país centroamericano.
Se trató de un discurso que adormiló a los miles de trabajadores públicos, fuerzas armadas e invitados especiales que asistieron a la celebración culmen del sandinismo, pero que también sirvió para exponer a un Ortega cada vez más lento en su dicción, balbuceante, acorde con sus 79 años de edad.
El discurso de Ortega fue desordenado y plagado de referencias históricas imprecisas. Pasaba de la época de Napoleón, despotricando contra los franceses, a la independencia de Nicaragua en 1821 y la gesta libertadora de Simón Bolívar. El caudillo invocó a Mao Zedong y al Ejército Rojo “como fuentes de inspiración” del Frente Sandinista.
Atribuyó a China y Rusia la derrota del nazismo y acusó a Europa de “seguir cometiendo crímenes coloniales” bajo el escudo de la OTAN. En paralelo, exaltó una supuesta “paz nacional” mientras en el país persisten 54 personas presas por razones políticas y una represión sostenida contra voces disidentes, indica El País.
Cuando sugirió que iba a cerrar su lenta perorata, lanzó una amenaza que, aunque ya es una realidad desde hace años, redobla el terror con el que viven los nicaragüenses en los barrios: la vigilancia y acoso político en el que viven los que no están de acuerdo con el régimen sandinista, quienes suelen ser delatados por sus vecinos.
“Por eso tenemos que mantenernos siempre con todas las tareas que tenemos que cumplir: estudio, preparación, trabajos y diferentes actividades, sin descuidar en el lugar, en el barrio donde estemos trabajando, sin descuidar la vigilancia revolucionaria”, planteó Ortega, ordenando redoblar una práctica que en Nicaragua data desde el primer régimen sandinista, en los años ochenta.
“Y que de esa manera no les quede espacio alguno a los terroristas, a los conspiradores, a los vendepatrias, porque sabrán que en cuanto se les descubra, se les captura y se les procesa”, dejó claro el mandatario ante su aparataje político.
Desde 2023, la Policía de Nicaragua activó una nueva estructura de vigilancia política en los barrios “para asegurar la paz”. Los oficiales se coordinan con coordinadores del Consejo del Poder Ciudadano (CPC), es decir los funcionarios sandinistas que dominan las localidades. La iniciativa se enmarcó en el férreo control que significa el Estado policial impuesto por el régimen Ortega-Murillo desde finales de 2018, cuando aplastó a punta de balazos la rebelión que inició en abril de ese mismo año. Este 19 de julio Ortega fue claro en redoblar los esfuerzos por profundizar la práctica.
En Nicaragua, no cesan las redadas de personas consideradas opositoras. La última más grande sucedió hace unos meses, despuntando con la captura del General en retiro Álvaro Baltodano, uno de los hombres más influyentes del círculo económico y militar del sandinismo en los últimos años. Luego, una veintena de militares en retiro fueron arrestados gracias, en parte, a la inteligencia que recopila este esquema de vigilancia que usan las direcciones de inteligencia del Ejército y la Policía, coordinados por el Ministerio del Interior.

