Juan González fue el director senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, durante el Gobierno de Joe Biden, entre enero de 2021 y marzo de 2024. En una entrevista a Guacamaya, afirmó que la estrategia de máxima presión de Trump ya había fracasado antes de que Biden asumiera el mandato y que no funcionará ahora: «Aplicar más sanciones, debilita la posibilidad de negociación de Trump».
Esas fueron parte de sus declaraciones, en las que destacó que Nicolás Maduro ya estaba «adaptado» a las sanciones que aplicó Trump en 2019.
«Observamos cómo buques iraníes sancionados transportaban petróleo venezolano, lo transbordaban a Malasia y finalmente lo vendían a China con un descuento de 40 dólares por barril en comparación con el crudo Brent. Las sanciones tienen rendimientos decrecientes: cuanto más se aplican, más difícil es encontrar nuevos objetivos. La OFAC enfrentaba crecientes dificultades para identificar medidas que realmente tuvieran impacto».
«Trump apostó a todo un colapso, sin acompañarlo de ningún esfuerzo diplomático o mediación. Ese enfoque fracasó de forma estrepitosa».
¿Qué consecuencias espera ahora que se ha eliminado la licencia de Chevron? ¿Más presión sobre Maduro para negociar, o lo contrario? ¿Afectará los flujos migratorios hacia EE.UU.?
R: El único ganador claro aquí es China. Ahora que Chevron ayudó a estabilizar e incluso aumentar la producción venezolana, Pekín intervendrá para comprar más petróleo—con descuento, fuera del sistema formal, y sin estar sujeto a los requisitos de cumplimiento y transparencia que sí se exigían a Chevron.
En cuanto a la presión sobre Maduro, esta medida en realidad debilita la capacidad de negociación de Estados Unidos. Las sanciones sin una estrategia diplomática no generan negociación: generan un vacío. Y ese vacío ya lo están llenando otros actores con intereses muy distintos.
Es probable que la emigración desde Venezuela continúe—incluso hacia Estados Unidos—a pesar de los esfuerzos de esta administración por disuadir a los migrantes mediante medidas restrictivas.
Tenemos que ser honestos sobre el papel que han jugado las sanciones en esta crisis. No hay duda de que las sanciones amplias impuestas en 2019, especialmente las dirigidas al sector petrolero, contribuyeron a acelerar la migración. Venezuela ya estaba en caída libre debido a la corrupción y a una gestión autoritaria desastrosa, pero al cortar su principal fuente de ingresos, el Estado tuvo aún más dificultades para importar alimentos y medicinas o para sostener servicios públicos básicos.
La cronología habla por sí sola. Las mayores oleadas migratorias ocurrieron después de 2017, y especialmente tras la entrada en vigor de las sanciones de 2019. Más de 7 millones de venezolanos han abandonado ya el país. No es una coincidencia: es lo que ocurre cuando se combina el colapso autoritario con el aislamiento económico y la ausencia de una salida viable.
Para ser claros: las sanciones pueden ser una herramienta útil, pero no son una estrategia en sí mismas. No derriban regímenes por su cuenta. El enfoque de la administración Trump parecía asumir que un sufrimiento humanitario creciente llevaría a la población a derrocar al gobierno. Pero eso no fue lo que pasó: la gente simplemente se fue.

