Un venezolano que tiene dos años viviendo en Chicago, Estados Unidos, teme ser deportado en medio de la ferrea política que ha emprendido Donald Trump contra los migrantes.

Así lo dijo a El Pitazo, Carlos Eduardo quien confesó que le había bajado un poco la presión de ser deportado; sin embargo, desde el pasado domingo, el miedo volvió a quebrantar su estado emocional en cuestiones de segundo. Se vio reflejado en el rostro de los 238 venezolanos que fueron trasladados al Centro de Confinamiento de Terrorismo (Cecot) en El Salvador y sintió pavor, tanto así, que no fue a trabajar al día siguiente.

Carlos Eduardo tiene grabada en su memoria la imagen de los funcionarios empujando a los detenidos cuando llegaron a la cárcel de máxima seguridad, ubicada en el distrito de Tecoluca en el departamento de San Vicente.

«Fue un trato indigno«, aseguró a El Pitazo, vía telefónica, el 18 de marzo. Esa misma sensación de rechazo le provocaron los videos que se divulgaron mientras las autoridades afeitaban a los privados de libertad. «Todos tenían cara de miedo«, afirma.

«Cada vez que veo un uniformado me asusto, así no sea de migración. Esto no es vida, me siento perseguido. Uno de los motivos por los que salí de Venezuela fue la inseguridad y ahora, aquí, estoy más nervioso cuando salgo a la calle», indicó el caraqueño.

Su preocupación crece porque entró a Estados Unidos con la ayuda de coyotes que le cobraron 3.000 dólares para cruzarlo desde México y entregarse a las autoridades estadounidenses.