El analista y presidente de Datanálisis Luis Vicente León expuso los alcances de la revocación de las licencias petroleras a Venezuela, por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y afirmó que «el juego apenas comienza» porque en los próximos seis meses, ambos mandatarios tendrán que negociar si sigue operando Chevron o si de plano, no lo hará.

En un mensaje en su cuenta X, antes Twitter, León destacó que la medida fue implementada por Trump en medio del fuerte debate por el presupuesto en Estados Unidos, «lo que sin duda complace a los representantes americanos de línea dura y garantiza el soporte a su propuesta presupuestaria; pero esta medida no significa que el juego terminó. Al revés, el juego apenas comienza».

Enfatizó que esta decisión deja seis meses para el periodo de desmontaje de las operaciones regulares de la empresa (wind down), durante el cual seguirá produciendo y exportando legalmente, mientras planifica su cese de operaciones o se negocia su permanencia en función de otras condiciones distintas.

«No hay indicación de que esta decisión afecte, por ahora, las operaciones del resto de las empresas petroleras internacionales con licencias activas, que no vencen este año y no se habla todavía de la reinstalación de sanciones secundarias. Durante estos seis meses, se abre el periodo de negociación entre Estados Unidos y Venezuela para definir la forma como se manejará la relación petrolera».

En el “wind down” de la licencia general, cancelada previamente, siguió, el gobierno americano aprobó una lista de licencias individuales (hoy vigentes) que sustituyeron la cancelación general y crearon un nuevo marco de la relación, por cierto positivo para EE .UU, dado que cada licencia entregada al sector privado, representa un aumento de su influencia y control sobre el sector energético local.

Por tanto, aseveró que de aquí a septiembre, es cuando se producirán las reales negociaciones entre Maduro y Trump. Al tiempo que, apuntó dos observaciones:

1) ¿Cómo reaccionará el gobierno venezolano a esta nueva estrategia de presión de EE .UU.? ¿Entrará a buscar soluciones que abran la puerta a la negociación o disparará su plan B que significaría la desoccidentalización inmediata de la industria petrolera venezolana, entregando los campos susceptibles a decisiones de Trump a China, Rusia, Irán y otros, con los cuales hoy ya tiene relaciones comerciales petroleras basadas en mecanismos de pago libres de bloqueo, que ha aprendido a usar en estos últimos años de sanciones?

2) ¿cCncentrará Trump sus demandas hacia Maduro en elementos transaccionales realmente negociables hoy como el tema migratorio, los presos políticos, la reducción de la participación China en Venezuela y algunos elementos de democratización que no representen un riesgo contundente de pérdida del poder para Maduro, en cuyo caso las probabilidades de éxito son altas y rápidas o por el contrario, orientará su demanda hacia el cambio inmediato de gobierno, algo que la experiencia indica que bloqueará cualquier disposición de negociación por parte de Maduro, el chavismo y el sector militar, quienes estarán mil veces más dispuestos a iniciar su plan B de cierre total de la participación política opositora y desoccidentalización económica que a perder el poder con costos de salida infinitos para ellos y toda la revolución?

Partiendo de esto, estimó que el mejor escenario (posible y alcanzable, no teórico y pasional) para Venezuela y EE .UU. es llegar a un nuevo acuerdo que permita que el país siga participando en el mercado energético occidental.

«Mientras mayor sea la participación privada, con total transparencia de operaciones, controles anticorrupción y disposición de recursos internacionales para la inversión, estaremos en las mejores condiciones para continuar la lucha efectiva en el campo político. Por el contrario, un cruce de frontera hacia la radicalización sólo nos conducirá al peor escenario de iranización económica y política del país».

Por último, acotó que no sabe cómo terminará, pero espera que «las pasiones y presiones no nos lleven, otra vez, al deterioro de la vida de la gente y el país, sin posibilidad real de producir un cambio político, que no ocurre nunca en la economía, sino siempre en la sociedad».