Eric Arthur, un jubilado de 62 años, vivió su mayor aventura en el mar cuando decidió cruzar el Atlántico en su catamarán «Tambo». Tras celebrar el Año Nuevo en Barbados, Arthur puso rumbo a Venezuela, atraído por sus playas y clima templado. Sin embargo, su viaje tomó un giro inesperado cuando fue detenido por la guardia costera venezolana, según un reporte de The Wall Street Journal.

La detención ocurrió en diciembre, cuando Arthur navegaba en aguas venezolanas. Los oficiales abordaron su embarcación con perros detectores de drogas y, tras un día de interrogatorios, le ordenaron regresar sin permitirle descansar. Agotado, Arthur se quedó dormido al timón, lo que llevó a que su catamarán se estrellara contra las rocas y se hundiera. Sobrevivió gracias a una balsa salvavidas, desde donde envió señales de socorro durante tres días hasta que fue rescatado por pescadores.

El rescate no marcó el fin de sus problemas. Llevado a una base militar en una isla remota, Arthur fue presionado para participar en la propaganda del gobierno de Nicolás Maduro, algo que rehusó. «Querían hacer propaganda. Querían que dijera lo grandioso que era el presidente», afirmó Arthur, quien se negó a leer una declaración agradeciendo al presidente por su rescate. Posteriormente, fue trasladado a la Isla Margarita bajo vigilancia y luego a una prisión en Caracas, donde enfrentó condiciones extremas, incluyendo largas horas de encierro y maltrato físico y psicológico.

Arthur describió su experiencia en prisión como una tortura, con interrogatorios constantes sobre su pasado profesional y acusaciones infundadas de espionaje. Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump intentaba negociar la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela, en un contexto de tensiones diplomáticas y políticas.

Finalmente, en una operación sorpresa, Arthur fue liberado junto con otros estadounidenses en un intercambio que no incluía oficialmente su nombre. Sin embargo, el chavismo intentó nuevamente hacer propaganda con su liberación, pidiéndole que grabara un video afirmando que había sido bien tratado por los guardias y prometiendo no demandar al chavismo.

Fue esposado, con los ojos vendados, y conducido a un aeródromo donde fue recibido por el enviado especial Richard Grenell antes de regresar a Estados Unidos en un avión de la Fuerza Aérea. A su llegada, Arthur expresó su alivio y trauma, luchando por recomponer su vida tras perder su barco y enfrentar el abuso en Venezuela. El Departamento de Estado no lo clasificó como «detenido injustamente», lo que limita su acceso a apoyo médico y psicológico.