El delito de opinar

Opinión | febrero 11, 2023 | 6:28 am.

Para regímenes como el que padecemos en Venezuela, o en Nicaragua, Cuba, Corea del Norte y Rusia, la protesta de los ciudadanos es reputada como una violación de los códigos que imponen esas tiranías para controlar a las sociedades y de esa manera conculcarle sus derechos políticos, civiles, económicos y sobre todo, sus derechos humanos.

En todos esos países citados anteriormente las cárceles están repletas de presos políticos a los que se les factura “el delito de opinar”. Una prueba palmaria de todo cuando afirmo es que el tirano nicaragüense, Daniel Ortega, expulsó de su patria a más de doscientos perseguidos que purgaban prisión en ese país centroamericano, por el simple hecho de defender sus valores, sus principios y los derechos de todos los ciudadanos de Nicaragua.

En Cuba continua la explotación de miles de mujeres y de hombres a los que la tiranía castrista exprime enviándolos a cumplir “misiones especiales” a los países gobernados por sus socios del Foro de Sao Paulo, trabajos que son muy bien remunerados en dólares, lo que le garantiza a la cúpula dictatorial de Cuba hacerse con ingentes recursos que le arrebatan a esos miles de seres humanos victimas de semejante “trata de personas”.

En Corea del Norte, en donde a la gente la apresan si se les ocurre llevar una biblia o tenerla en casa; también van presos a los que cometan el delito de atreverse a disfrutar de una película. Otra medida absurda es esa que castiga al que se atreva a tener algún sarcasmo sobre algún líder de ese régimen tiránico. No está permitido conducir un automóvil, ni ver tv, ni consumir bebidas o alimentos importados, se deben conformar con ingerir solo arroz y fideos. Un venezolano, el poeta Ali Lameda, escarmentó en cabeza propia todos esos vejámenes, recluido por más de siete años en un campo de concentración habilitado por esa satrapía. Había ido a Corea del Norte a trabajar como interprete. Pero un día compartiendo un banquete en honor a los empleados del departamento, le provocó contar algunos chistes alusivos a Kim II-sun, eso le costó esa prolongada prisión de la que pudo salir, después de haber sido brutalmente torturado, el año 1974; gracias a las gestiones del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien condicionó el voto de Venezuela para que Corea del Norte se uniera a la ONU, a cambio de la inmediata libertad del ciudadano venezolano.

En Venezuela ya sabemos con lujo de detalles como operan los esbirros del régimen madurista. No se detienen ante nada. Son intolerantes, hipersensibles a las criticas y sanguinarios a la hora de aplicar reprimendas o venganzas. Persiguen a los periodistas que se atrevan a realizar trabajos de investigación para denunciar las corruptelas del régimen, el mas reciente caso, lo encarna la periodista Carola Briceño que se vió forzada a huir a Colombia en donde también es perseguida por la dictadura madurista.

Igual sucede a los educadores que han salido otra vez, a protestar por los bajos salarios, por el cerco político que aplica el régimen pretendiendo introducir textos sesgados a las escuelas, adoctrinando a los alumnos y obligando a los maestros a que se sumen a sus “eventos revolucionarios”. Esas manifestaciones les acarrean persecuciones y amenazas de ser sustituidos por activistas del PSUV, a menos que acepten un mugroso bono que no alcanza para sobrevivir y que se queden quietos en sus casas, sin protestar ni quejarse de nada.

Pero la respuesta ha sido clara y tajante: los educadores no se rendirán jamás!