Hiperinflación

Opinión | mayo 24, 2021 | 6:16 am.

Vas al mercado – al Municipal de Puerto La Cruz – a eso de las 7am y preguntas el precio del kilo de arroz, pasta, café o cualquier otro rubro y vuelves a pasar a las 10am y lo encontrarás más caro… ¿La razón? La hiperinflación.

Muchos vendedores ajustan sus precios de acuerdo a la cotización del dólar, y si éste sube los precios suben y si bajan, bueno, en este caso no bajan. Cosas que pasan.

La crisis económica venezolana es atroz. Hemos registrado una hiperinflación en los últimos 41 meses del año, eso parecía que nadie lo aguantaría… Y ya vemos, el venezolano no solo lo está aguantando sino que se acopla y se rebusca en medio de semejante realidad.

De acuerdo con algunos estudios, la pobreza ronda el 96,2% y la pobreza extrema en 79,3%. No obstante seguimos viendo los restaurantes full, los automercados de lujos repletos y personas montándose en los limitados cupos de avión – debido a la pandemia – como si aquí no pasara nada.

Y mientras vemos a unos venezolanos buscando comida en basureros, mientras observamos a trabajadores que protestan porque el sueldo – mas que mínimo es miserable – y, por ende, no les alcanza. A su lado, observamos a venezolanos que se las inventan, venden cosas, hacen dos o tres trabajos, “matan tigres” y mucho más para sobrevivir.

Y así como algunos viven limitados, otros pueden darse uno que otro lujo; lo que dice mucho de lo que ocurre en Venezuela y como los venezolanos conforman una sociedad atípica que se adapta a los cambios, moldea comportamientos y si la cobija no le alcanza, le cocen otro pedazo.

La hiperinflación es una bestia pero resulta ser que el venezolano vive con ella, duerme con ella y hasta sale con ella. Es como una especie de matrimonio tóxico y disfuncional, y a pesar de ello siguen adelante, tal vez por la “fuerza de la costumbre”.

Los venezolanos no se quedan paralizados sino que luchan para sobrevivir, como sea. Y creo que este espíritu combativo ha sido tan beneficioso para la sociedad como para el Gobierno, pues ambos – gracias a ello – siguen de pie.

La sociedad no se desmorona porque los venezolanos siguen trabajando, siguen luchando y una muestra de ello es la cantidad de emprendedores que se han multiplicado en los últimos años; y el Gobierno no se colapsa, porque los venezolanos siguen en cada quien en lo suyo, tratando de ganarse la vida y sin interesarle la pugna política.

Venezuela es un país con hiperinflación, no obstante no hay escasez (esto quedó en el pasado); los anaqueles están llenos, tanto aquellos ubicados en bodegones o en los “market”, tan de moda, como en los pasillos de los mercados populares. En pocas palabras: hay comida, pero muchos no tienen como comprarla, he allí el detalle.

Venezuela debe sincerar su situación. No puede seguir en este ensayo y error como política económica. Esa visión de que “Dios proveerá” no puede mantenerse, quienes están en el uso del poder han corrido con suerte, sin embargo ésta no dura para siempre.

Quienes asuman la dirección política nacional deben meterle el pecho a la cuestión económica. Pues, es una necesidad perentoria, no puede darse más larga, porque llegará el momento que la sociedad no pueda adaptarse más, no podrá sobrevivir y el colapso será total y pleno.

La hiperinflación es una realidad, y puede transformarse en una tragedia aún más cruel que la crisis humanitaria actual y que los efectos devastadores de la pandemia.