Personajes de mi pueblo (Enzo Hernández)

Opinión | marzo 28, 2021 | 6:20 am.

Empaca tus problemas en la bolsa y sonríe, sonríe, sonríe” Ella W. Wilcox

Desde que tengo uso de razón he sido aficionado al deporte de las 4 esquinas. Fuí fanático de los “Tiburones de La Guaira”, hasta que se fundó la divisa “Caribes de Oriente”, hoy “Caribes de Anzoátegui. Es cuestión de regionalismo.

Por muchos años seguí los juegos del béisbol profesional por radio escuchando las narraciones de Marco Antonio Lacavalerie, el popular “Musiú”, Delio Amado León y Rafael “Felo” Ramírez, también por los diarios y revistas especializadas. “Sport Gráfico” era la mejor hasta que llegó magia de la TV.

En aquellos tiempos era bien difícil y extraño que un jugador de estas tierras alcanzara entrar en un line up profesional, mucho menos en las grandes ligas. Quizá por eso, cuando Enzo Hernández firmó al profesional, específicamente con los Tiburones de La Guaira BBC, la emoción que nos embargó fue inmensa. El vecino hizo el grado. Se estableció, triunfó, brilló y se hizo estrella, a base de constancia, dedicación, empeño, clase y espíritu deportivo.

Enzo Hernández se convirtió en uno de los mejores short stop de todos los tiempos de la pelota rentada venezolana y de las grandes ligas. Esa historia es harto conocida.

Nuestro amigo Enzo Octavio Hernández Martínez vino al mundo un día de la juventud en el año 1949, en el caserío “El Guásimo”, a 6 kms., de Valle Guanape, en la finca “El Trío” de su abuelo Pedro Rafael Valera, el popular “don Rubito”. Sus padres fueron Ricarte Hernández y Ramona Martínez de Hernández, los cuales emigraron hacía San Tomé, cuando apenas tenía un año, ya que el señor era enfermero y había logrado empleo en el hospital de la Mene Grande Oil Company.

En ese campo petrolero discurrió la niñez de Enzo, donde estudió su primaria y posteriormente, inició sus estudios de secundaria en el Liceo Briceño Méndez, luego pasó al Liceo Guanipa, pero no concluyó el bachillerato porque firmó para jugar béisbol profesional con Los Tiburones de La Guaira BBC y Los Astros de Houston. En ese momento tenía 17 años. El bono, increíble, Los Tiburones le dieron Bs. 3.000,oo por la firma y el contrato con los Astros, lo negociaron ellos sin consulta de ningún tipo. Eran las reglas de la época y punto. O te adaptas o pereces.

Cuando Enzo Hernández promediaba los 10 años, su única experiencia como jugador de béisbol era la que poseíamos todos los niños a esa edad: pelota de goma, caimanera y partidas entre chamos. En el año 1959, Francisco Pinto, gloria del béisbol amateur de Venezuela y orgullo de nuestra zona sur, organizó un campeonato de la categoría infantil que dio la oportunidad a Enzo de demostrar sus habilidades como short stop, Eso le permitió, ese mismo año, acudir al campeonato nacional que se celebró en Maturín. Dos años más tarde es seleccionado para conformar el equipo de la misma categoría para representar al estado Anzoátegui, esta vez en el nacional que tuvo como escenario la ciudad de Coro, en el estado Falcón.

Luego vino una pausa de cuatro años, en los cuales se dedicó a los estudios y a jugar en las caimaneras que era su pasatiempo favorito. ya para ese entonces, no existía béisbol organizado en las categorías júnior y juvenil, pero tan pronto cumplió los 16 años, ingresó al equipo AA de La Mene Grande Oil Company y el siguiente año estaba jugando short stop en los juegos nacionales, con el equipo de Anzoátegui. Vocación y calidad a toda prueba.

En esos juegos nacionales del año 1965, los cuales tuvieron como escenario el estadio de Barcelona, el mánager del equipo de Anzoátegui era nada más y nada menos que Alfonso “Chico” Carrasquel, quien tuvo la audacia de colocar a Enzo como regular y sentar a uno de los mejores short stop del béisbol AA de Anzoátegui y Venezuela, que ya era todo un veterano en ese momento, Juvencio “La Ciega” Betancourt.

Enzo dio la talla y amainó la crítica que llovió sobre “Chico” Carrasquel. Es que desde el primer momento que “Chico” observó en las prácticas a Enzo, le entró el pálpito que estaba ante un extraordinario prospecto, que merecía una oportunidad para que demostrará su talento y clase. Nunca se equivocó y, a pesar de las críticas, de los managers de tribuna, técnicos y la prensa especializada, acertó. Las oportunidades difícilmente se repiten y Enzo supo aprovecharla. Capacidad, disciplina y vocación, le permitieron superar esa difícil y exigente experiencia. En el año 1966 asistió de nuevo al nacional de béisbol amateur y se negó a jugar por desavenencias con el mánager de turno, Ángel “Pollino” Méndez, que se empeñó en que jugara segunda base y no aceptó. Era cuestión de dignidad cuando se tiene un puesto bien ganado que no da margen a prestarse para injusticias.

Ese impasse no fue óbice para que el año siguiente estuviese firmando para el profesional con Los Tiburones de La Guaira y los Astros de Houston, equipo que lo asignó al “Cocoa” Clase A, de su sucursal en el estado de La Florida.

Jugó la temporada completa para volver el año siguiente e incorporarse en la Liga de Carolina del Norte, al equipo Greensboro clase A. En el año 1969 estando en Venezuela y cuando se disponía a regresar a EEUU, es sorprendido por un cambio de peloteros entre los Astros y Orioles Baltimore que involucraba a Miguel Cuellar, al cátcher estrella Curt Blefary y, a varios jugadores de las ligas menores, donde lo incluyeron y, fue producto de ese cambio que terminó incorporado a la organización de los Orioles de Baltimore.

Su nueva organización lo asignó en el año 1969 en La liga de Texas al Dallas AA y terminó la temporada en la liga de La Florida con Los Marlins que, para la época, era un equipo clase A. En el 1970 vuelve al Dallas AA y concluye la temporada con el equipo Rochester AAA, antesala de los Orioles de Baltimore, equipo que ese año lo incluye en el roster de los 40, para protegerlo y cotizarlo mejor, ya que estaban enterados del interés de los Padres de San Diego por adquirirlo y era clave en una negociación grande con esa divisa. Llegó el cambió dónde se vieron involucrados peloteros de la talla del pitcher estrella Pat Dobsón y el único de las ligas menores fue Enzo Hernández. No hay mal que por bien no venga. Fue su último año en las menores.

Los Padres de San Diego tenían urgencia de un short stop y con Enzo Hernández el mandado estaba hecho. Habían logrado. ¡Al fin! Un jugador que les cubriera con solvencia, brillantez y calidad inigualable el campocorto. Fueron siete años de duro batallar que tuvo Enzo con el equipo de Los Padres hasta que, comenzaron las molestias en la espalda que no le permitían desempeñarse en el campo con la agilidad, soltura, solvencia y la calidad que le caracterizaba, habilidades que le habían acrecentado su fama y prestigio en las grandes ligas y el béisbol profesional venezolano.

Los médicos gringos le hicieron todos los estudios especializados y no encontraban ninguna patología grave que impidiera su desempeño como jugador regular. Fue un médico mexicano, amigo personal de Enzo, quién subrepticiamente sustrajo un informe médico que le entregó donde se veía clarito que padecía de hernias díscales. El equipo de Los Padres de San Diego no respondía ante la gravedad del asunto y contrariando la opinión de los médicos del equipo, regresó a Venezuela en el año 1977 y se hizo operar por cuenta propia con el cirujano Rafael Castillo, operación que resultó un éxito temporal, ya que cuando volvió al norte, fue cambiado a Los Dodger de Los Ángeles y fue asignado a la sucursal triple A, mientras se recuperaba, luego subió por 15 días al equipo grande y ante el peloteo de que era objeto en su condición de operado, decidió regresar a Venezuela y retirarse definitivamente como pelotero activo. Una decisión dolorosa, pero correcta.

Enzo Hernández es hijo adoptivo de El Tigre. Una feliz casualidad lo conectó para toda la vida con esta ciudad que nació de manera aluvional al calor del oro negro un 23 de febrero de 1933.

Resulta que, la familia del Dr. Antonio Caraballo, dueño de la Farmacia “Virgen del Valle” que por muchos años estuvo ubicada en la avenida Francisco de Miranda, era fanática en su totalidad de Los Tiburones de La Guaira y un día del año 1971, estaban esperando un familiar que venía de Mérida a Maiquetía y como había tiempo decidieron visitar las oficinas del equipo escualo en La Guaira. ¡Bingo! En ese momento por una eventualidad, coincidieron con el joven prospecto formado en San Tomé, el cual hacia las diligencias de rutina ante los ejecutivos de la novena y fueron presentados.

Ellys, la hija mayor del Dr. Caraballo y Enzo se vieron y quedaron prendados. ¡Amor a primera vista! El tiempo confirmó esa premisa con creces. El 06 de octubre del 1972 contrajeron nupcias y solo los separó la muerte, cuando 13 de enero del 2013 el grandes ligas abandonó la vida terrenal. En ese momento, ambos disfrutaban el descanso del guerrero en la paz, alegría y armonía del hogar, al lado de sus dos lindas hijas: Ellys María, TSU en relaciones industriales que labora en San Tomé y Janet Virginia, Ingeniera Civil que ejerce libremente su profesión y la guinda, más simpática del pastel, está representada por la linda, coqueta y graciosa nieta Isabella que es la dueña del corazón de la familia.

En esta corta crónica deliberadamente obviamos la espectacular carrera que desarrollo magistralmente Enzo Hernández con Los Tiburones de La Guaira, porque es historia bien conocida para los que somos fanáticos del béisbol. Sin embargo, hay algunos detalles suscitados con los medios de comunicación social que marcaron la vida de este extraordinario pelotero venezolano, los cuales nos parecen interesantes, ya que hasta el momento de su lamentable fallecimiento lo marcó e hizo que mucho menos ojeara un diario, porque no los consideraba veraz e imparciales en el tratamiento de la información.

La razón fue la siguiente: estando de novato con Los Tiburones de La Guaira, por razones personales, no durmió en la pensión, que incluso él mismo pagaba. Los medios se enteraron y montaron un chisme de padre y señor nuestro. Enzo Hernández era un borracho de “aguardiente barato”, inventaron y publicaron, lo que le costó una suspensión por parte del equipo.

En otra oportunidad escribieron que una hermana de Enzo, de nombre Maritza, había montado un espectáculo bochornoso en las tribunas estando ebria. Fake news. Enzo Hernández era abstemio y nunca tuvo una hermana llamada Maritza. ¿Maledicencia? Toda una mentira imperdonable. Esos inventos horrorosos y falta de ética profesional de esos comunicadores lograron que nuestro excelso jugador le tuviese aversión a los medios de comunicación social. El que está picado de Macagua cuando ve bejuco se espanta.

La cuestión no se quedó allí. Cuando Enzo Hernández comenzó a sentir las molestias que le producían las hernias discales, muchos afirmaron que no tenía nada y que era pura pantalla. Es más, aprovechando esa perversa matriz de opinión que montaron, un periodista tituló: “Misteriosa lesión aqueja a Enzo Hernández” y ese mismo día, estando en la sala de masajes del equipo, el tipo se le acercó y le preguntó ¿Cómo te sientes Enzo? y solícito, le respondió. “Misteriosamente”. El periodista montó en cólera para nunca perdonarle la salida irónica, pero llena de realismo. La falta de ética en el manejo de la información es un horror. Así son las cosas.

Y la última, en el momento que el entonces gobernador Tarek William Saab, por iniciativa propia, propone su nombre, en un acto de justicia, para el estadio de El Tigre, cuyas instalaciones remodeló totalmente para convertirlo en sede alterna de Los Caribes de Anzoátegui, una cadena radial local que orbitaba en la misma marisma fecal y que desapareció bien desprestigiada, por cierto, también se ensañó contra su persona cuestionando que esa moderna instalación deportiva llevara su prestigioso nombre. Esas cuestiones son gajes del oficio para un político, pero no para un deportista de la talla, categoría y bien ganado prestigio de nuestro amigo Enzo Hernández. No olvidéis. No hace daño él quiere sino el que puede y quien podrá demoler el muro ético, moral, conductual y deportivo de Enzo. Se quedaron con los crespos hechos.

Enzo Hernández el torpedero estrella de Los Tiburones de La Guaira y Los Padres de San Diego, una vez retirado de los diamantes, vivió en El Tigre rodeado del calor familiar y, a pesar, de su lamentable y súbita muerte, sigue sembrado en el corazón de los fanáticos del béisbol, especialmente los de Anzoátegui, como uno de sus ídolos de todos los tiempos. En la grama corta, a pesar de su mediana estatura, fue un gigante que supo brillar con luz propia y colocó bien en alto del pabellón regional y nacional.

Nuestro prodigioso pelotero, hijo adoptivo de la ciudad, como tituló el diario El Nacional cuando reseñó la reinauguración del estadio de El Tigre que orgullosamente lleva su egregio nombre, no será olvidado, no porque nuestro moderno estadio lleve su nombre, sino porque cuando se hable o escriba la historia del béisbol en Venezuela y los mejores jugadores de nuestra patria, en las más bellas páginas, estará inscrito con letras doradas, el nombre del grandes ligas, número 20 venezolano. No hay un ápice de dudas.

Enzo Hernández, a pesar de los problemas de salud que enfrentó y sufrió, la maledicencia de algunos mercenarios del micrófono empacó sus problemas en la gran mochila de los éxitos que alcanzó en su fructífera vida como deportista, que cosechó como ejemplar padre de familia y excelente ciudadano, para sonreírle a la vida, a los envidiosos y enemigos gratuitos. Valió la pena vivir ya que la vida es una larga lección de humanidad. Ya lo dijo el poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino se hace camino al andar”, y mire que Enzo caminó e hizo camino. Dios lo tenga en su santa gloria.

Twitter: @Cheotigre
[email protected]