Entre la demagogia y la mentira está la tragedia del socialismo del siglo XXI

Opinión | febrero 12, 2020 | 6:26 am.

Si algo ha caracterizado al régimen instaurado en el poder en Venezuela a partir de 1999 es su capacidad dialéctica para crear elucubraciones y hacer propaganda y publicidad. Para tratar de vender un sistema político putrefacto que no tiene, desde que Carlos Marx escribió El Manifiesto Comunista en 1848, ninguna obra ni gestión de gobierno positiva que mostrar.


La instauración de este pranato en el poder se debe a la descomposición que estaba atravesando nuestra democracia imperfecta, como la denominó Gonzalo Barrios. Hoy los estudiosos del hecho socio histórico, al comparar ambas versiones, coinciden con lo expresado por Pompeyo Márquez cuando en una entrevista un agudo periodista le dijo que cómo compararía este socialismo del siglo XXI con los gobiernos de la 4ta. República, y Pompeyo le respondió que los adecos y los copeyanos eran unos robagallinas en comparación con estos chavistas.

El caso es que ayer, 11/02/2020, los varguenses enfrentamos otro apagón. No disfrutamos del servicio de energía eléctrica en Caraballeda, desde las 3.00 am; y llegó nuevamente la energía eléctrica a las 4:05 minutos de la tarde, es decir, la penuria de 13 horas sin luz, y el gobierno bien gracias.

Lo sorprendente de esto es que casi todos los días observamos cortes de energía eléctrica en nuestro estado Vargas y en todo el país. Igualmente se vive otra tragedia con las telecomunicaciones y la Cantv, bajo este pranato cambió su misión. Ahora se encarga de desunir a la gente.

En la industria petrolera vemos como se acrecientan los problemas. Y diariamente es noticia por los accidentes que ocurren. Recordemos el incendio de Amuay y la respuesta del felón en ese momento fue que el show debía continuar.

Otro caso paradigmático y digno de Ripley es lo vivido en las empresas básicas de Guayana, uno de los emporios industriales más importante de nuestra América. Afortunadamente hay comunicadores sociales que han arriesgado su vida, al igual que quienes hicieron el reportaje acerca de la destrucción de la Cantv, para mostrarnos el estado actual de las instalaciones industriales de nuestro país.

No hablemos de la situación de los hospitales. Ni de los aeropuertos, del transporte público, del Metro de Caracas, de la vialidad y otros, porque entonces llegaríamos a centurias tratando de devanarnos los sesos, tratando de buscar una explicación como estos delincuentes en 20 años destruyeron un país en vías de desarrollo.

Pero en lo quiero hacer hincapié es que el chavismo, como todo régimen dictatorial, impone la norma del terror utilizando los estamentos de la Fuerza Armada como sus peones para el amedrentamiento de la ciudadanía. Ya que es común y pareciese algo normal ver a esos soldados jóvenes, en algunos casos parecen imberbes, custodiando todos los espacios públicos, oficinas del gobierno, y muchos negocios y centros comerciales. Esto es premeditado. Es la política del terror, ya que buena parte de la ciudadanía al ver esos muchachos armados se cohíbe de criticar o expresar opinión en contra de estos delincuentes en el gobierno. Eso es lo que pretende el régimen. Que los ciudadanos por miedo no expresen su sentimiento.

Así como el gobierno tiene tomadas las instalaciones públicas también tiene militarizado los centros de producción y desarrollo: los centrales azucareros, las aduanas, la industria del gas, los puertos y otros. En ellos, la matraca, la coima, la mordida impuesta por los facinerosos del régimen es permanente, de allí el dicho, quien fuera teniente de la guardia nacional en una alcabala.

Pero el caso es que el régimen también tiene militarizadas las instalaciones eléctricas, las de Cantv y la industria petrolera, y no ha podido descubrir ni abortar ninguno de los saboteos propiciados por esta nefasta y oprobiosa oposición.

Claro, también debemos entender, que el imperio, así como le inoculó el cáncer a Chávez, también inoculó a los rabipelados, iguanas, ratones, monos de todo tipo y a otros animales, para que se comieran los cables del tendido eléctrico, para que la ciudadanía no disfrutase del servicio eléctrico. Lo que no entendemos de este pranato es que, después de descubrir el ataque cibernético al tendido eléctrico que nos viene del Guri, no ha podido echarle mano a los saboteadores que cortan las lineas y sabotean las centrales y termoeléctricas, así como tampoco a los que perturban a Cantv y el sistema de distribución del agua.

Ocasionalmente escuchamos alguna declaración de algún personero del pranato refiriéndose a estos hechos y a pesar de ser tan tediosos a través de los diversos programas escatológicos, tratan de catequizar a nuevos evangelistas para su causa y deslastrarse de culpas, ya que este régimen no ha cometido errores en su nefasta gestión, por lo que los culpables son la oposición apatrida, el imperio, y ahora, Guaidó y Trump.

El caso es que este régimen caracterizado por la demagogia tiene años luz vendiéndonos, a través de sus cadenas, a través de los medios de comunicación, un estado de bienestar que lo recordamos permanentemente cuando nos llega el vital líquido, o cuando logramos la bombona de gas, o cuando hacemos la cola para comprar la gasolina o cuando vamos a un centro de salud. Esto aconteció el último fin de semana cuando un autobús que traía unos jóvenes deportistas para la Guayra tuvo un accidente con más de 20 heridos en la autopista Caracas-La Guayra, lo cual colapsó al hospital de Pariata quien no pudo atenderlos y fueron ruleteados al seguro social de la Guayra, donde tampoco pudieron ser atendidos y tuvieron que ser atendidos en centros de salud en Caracas.

Es decir, de nada vale que el usurpador hable para mostrarnos un país que dista de la realidad. Pero para ver no se necesitan anteojos. Un solo paseo por la zona de Catia en Caracas sirvió para pretender hacer un mea culpa de lo que han destruido y que no han querido ver en 20 años.

Claro, Carlos Gardel dijo que 20 años no es nada y es obvio. Pero él no vivió bajo ningún gobierno peronista, así como tampoco bajo un régimen chavista.

Historiador