El usurpador en su batalla de Las Ardenas

Opinión | enero 28, 2020 | 6:20 am.

El Hitler tropical está viendo los fantasmas que suelen visitar a los dictadores en sus días finales. Coinciden los analistas, en todas partes, que la desesperación le está tocando la puerta. Insistentemente siente el agudo ruido.


Hitler, creyéndose todavía poderoso, atacó sorpresivamente a los aliados y en solo un día capturó 7.000 prisioneros estadounidenses. Fue en diciembre de 1944 y el episodio se conoce como “la batalla de las Ardenas”. Fue un error de cálculo que terminó costándole muy caro al otrora poderoso tirano.

El Hitler tropical, conocido también como el usurpador, cometió un error de cálculo que mostró al mundo lo que es: un dictadorzuelo que en su desesperación se le están fundiendo los tiempos.

No se percataron los tiranos nazis que la escasez de combustible y la espesa niebla convertirían en blancos fáciles los tanques alemanes que parecían de juguete, ante las embestidas de los aviones aliados.

Además del atentado contra el poder legítimo legislativo, el Hitler criollo arremetió a tiro limpio contra los diputados, bloqueó con bandas armadas el Palacio Legislativo y se lanzó desesperado a detener opositores, violentando absolutamente el estado de derecho. Este hombre anda dando saltos sin saber para dónde. Ha declarado lo que desde hace tiempo todo el mundo sospechaba y que tanto se ha repetido: que es un títere de los cubanos. Que el embajador de la isla comunista es quien manda en consejo de ministros. Por consiguiente es quien ordena las torturas, el saqueo y mantiene a Venezuela como el principal eje del terrorismo global.

Así como a Hitler le faltó el combustible en las Ardenas, a estos truculentos usurpadores no solo les falta la gasolina. Han destruido todo, a tal punto que las propias fuerzas armadas se están cayendo solas. Los oficiales asediados quieren marcharse, la tropa se muere de hambre y a los colectivos no les importa la patria, sino la muerte de los demás, para robarse todo lo que consiguen a su paso.

El usurpador es un esperpento humillado, y los tiranos que le rodean en cualquier momento salen volando, dejándolo como Hitler en su último día, que nadie le contestaba ni el teléfono.

La tortura por placer, los fusilamientos como el de Oscar Pérez y los miles de crímenes y torturas contra los presos políticos son de su absoluta responsabilidad. Mientras las manos anónimas de los cubanos, con sus capuchas vergonzosas, saldrán para Cuba, también de un momento a otro, a lavarse sus manos llenas de sangre en el mar de sus torturas cotidianas.

Cuando los estadounidenses y el resto de aliados tenían rodeadas a las asustadas tropas hitlerianas, estas intensificaron sus desmanes y su adiós a la lealtad.

Los usurpadores andan tan desesperados que la Chilindrina Rodríguez se trasladó en un avión fantasma y en nocturnidad, a perturbar las relaciones en la Unión Europea como fórmula para tapar la figura de Guaidó, arropado por la solidaridad de los pueblos del mundo. El fatal espectáculo terminó por explicar el abuso de estos tiranos, que andan rodando sin freno alguno, irrespetando en este caso decisiones firmes de una organización internacional, comunidad política de derecho.

Como los boxeadores correlones que buscan arroparse con las cuerdas, al tirano tropical y sus secuaces ya no le esperan los bombarderos aliados que dieron al traste con aquella ignominia. En este caso se están bombardeando ellos mismos a sus propios pies, y asustados saben que ha comenzado el fin. Los drones se ríen de los milicianos de cartón mojado y de los capitanes de la muerte, que aunque no saben qué fue lo que sucedió en las Ardenas, sienten un frío interior, para el cual no existen las cobijas.