La guerra en Medio Oriente ha llevado a poner los ojos en el impacto en el combustible, luego que desde hace un mes los precios reaccionaran al alza, sin embargo, economistas como Asdrúbal Oliveros ponen la lupa en otros temas: los alimentos y los fertilizantes.

«Estamos mirando Ormuz pensando en petróleo, pero el verdadero problema puede estar en los alimentos. El tema no es solo que se retrasen cargamentos de trigo. Es algo más profundo: fertilizantes. El Golfo concentra buena parte del mercado global (urea, amoníaco). Sin eso, la próxima cosecha empieza a comprometerse desde ya», advirtió el especialista en la red social X.

El presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos (Sviaa), Saúl López, indica en entrevista a Noticiero Digital que luego de cruzar la data de los mercados internacionales, basados en los reportes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca del 30% del comercio mundial de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz.

«Ya se registran incrementos superiores al 20% en los precios de la urea, amoníaco y nitratos«, explica López.

Oliveros indica que esta situación «no pega hoy en el anaquel», pero sí en meses. «Es un shock que ya arrancó. Además, el sector agrícola ya venía golpeado: costos al alza, márgenes apretados, más quiebras. Este evento no llega en un momento “neutro”. Para las empresas de alimentos a nivel global, esto cambia la conversación: más presión en costos, más volatilidad, más riesgo en suministro. Y menos margen para improvisar. Un alza en el precio de los alimentos también es un caldo de cultivo para la inestabilidad política y social», advierte.

Para la Sviaa, este es un tema que «los tiene en máxima alerta técnica». «Entendemos que el país sigue atravesando un ambiente de mucha incertidumbre desde enero, pero el ciclo biológico del campo no se detiene, y si no actuamos ya, la próxima cosecha está en riesgo», explican.

La sociedad indica que esto puede afectar la producción de alimentos de Venezuela. «El país es altamente vulnerable a los choques externos en la cadena de suministros. El productor venezolano ya opera con márgenes de rentabilidad muy estrechos. Si a esto le sumamos importar o comprar fertilizantes a precios inflados por la geopolítica, la intención de siembra de cereales, como maíz y arroz, se verá seriamente amenazada por falta de flujo de caja para cubrir los costos de los insumos».

La Sviaa explica que en el país los fertilizantes representan una de las partidas más pesadas en la estructura de costos de los agricultores. «Medimos el impacto evaluando que, a mayor precio del insumo, menor será el área que el productor promedio podrá fertilizar adecuadamente si sigue usando métodos tradicionales», apunta el ingeniero agrónomo Saúl López.

El gremio plantea dos escenarios para Venezuela, uno donde el productor sigue aplicando fertilizantes «al voleo», de forma tradicional, basándose en la costumbre y sin medir. «Va a trabajar a pérdida o simplemente no podrá sembrar. El fertilizante más caro es el que se aplica donde el suelo no lo retiene o la planta no lo necesita», dice el experto.

El otro escenario -el que recomienda el especialista- es apoyarse en la tecnología. «La única vía de supervivencia productiva es la adopción forzada de la agricultura 4.0 combinada con un manejo bajo agricultura sostenible y regenerativa». Este tipo de prácticas incluye el análisis de suelos digitalizados y aplicaciones de fertilizantes con drones y maquinaria calibrada.

«Proyectamos que los productores pueden reducir el uso de fertilizantes hasta en un 20% sin sacrificar rendimientos, recuperando la biología del suelo para depender menos de insumos importados. La tecnología ya no es un lujo, es el único escudo que tenemos frente a esta crisis global de insumos», defiende López.

La crisis en Medio Oriente cumplió un mes luego de que Estados Unidos e Israel lanzaran un ataque contra Irán y este también respondiera con una ofensiva hacia bases militares estadounidenses ubicadas en esa zona. Esto trajo como consecuencia el bloqueo del estrecho de Ormuz por donde circula el 20 % del petróleo mundial.

El cierre del estrecho de Ormuz ocurrido de facto el 28 de febrero, supuso una grave alteración del comercio energético mundial con un fuerte impacto en los precios y en las cadenas de suministro. Desde entonces los precios mundiales del barril de petróleo han aumentado.