El Departamento de Energía de Estados Unidos confirmó este miércoles 7 de enero el inicio de una «reducción selectiva» de las sanciones impuestas a Venezuela.
La medida tiene como objetivo inmediato legalizar la logística operativa necesaria para transportar y vender el crudo venezolano en los mercados globales, aunque bajo un supuesto esquema de estricta supervisión financiera de Washington.
Esta flexibilización específica permitirá, por primera vez en años, la importación de equipos, repuestos y servicios tecnológicos esenciales para modernizar los deteriorados yacimientos petrolíferos. Además, la modificación del esquema sancionatorio autoriza el flujo inverso de suministros: Estados Unidos podrá enviar diluyente (crudo ligero) a Venezuela, un insumo crítico necesario para mezclar el petróleo extrapesado de la nación sudamericana y hacerlo apto para su comercialización internacional.
Sin embargo, la administración aclaró que no se trata de un levantamiento total del embargo, sino de una adaptación estratégica. El comunicado enfatiza que «el único petróleo que entrará y saldrá de Venezuela será a través de canales legítimos y autorizados». Las sanciones seguirán vigentes para bloquear cualquier transacción que no fluya a través de los bancos designados y las cuentas controladas directamente por el gobierno estadounidense.

