El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, definió este martes 25 de noviembre su postura actual frente a la situación con Venezuela como una elección entre dos escenarios: una resolución pragmática mediante el diálogo o una escalada de fuerza. Desde el avión presidencial Air Force One, el mandatario aseguró que, si conversar con Nicolás Maduro permite «salvar vidas», estaría dispuesto a hacerlo, aunque advirtió que su administración está igualmente preparada para tomar el camino difícil.
Durante un intercambio con la prensa, Trump abordó la aparente contradicción de negociar con un líder que su propio Departamento de Estado acaba de designar como cabeza de una organización terrorista extranjera. Lejos de cerrar la puerta, el jefe de Estado priorizó el resultado sobre la formalidad diplomática.
«Si podemos hacer las cosas por las buenas, está bien; y si tenemos que hacerlo por las malas, también está bien», declaró Trump, estableciendo un ultimátum implícito. Aclaró que la posibilidad de una llamada se está discutiendo con sus equipos de asesores, confirmando que el canal diplomático sigue activo en paralelo a la presión militar.
Más allá de la estrategia geopolítica, Trump dedicó gran parte de su intervención a señalar a la administración venezolana como responsable directa de problemas de seguridad interna en Estados Unidos. El presidente acusó al gobierno de Maduro de utilizar la migración como una herramienta para exportar delincuencia, mencionando específicamente a la banda criminal Tren de Aragua.
«Probablemente fueron el mayor abusador con el Tren de Aragua y todos los demás que enviaron, los traficantes de drogas y los capos de la droga», afirmó. Según su denuncia, las autoridades venezolanas «abrieron sus cárceles y prisiones y los arrojaron a los Estados Unidos», una situación que calificó de inaceptable y que funge como uno de los motores de su actual política de «máxima presión».
Al ser interrogado sobre cuál es la meta final de estas maniobras —que incluyen despliegue naval y aéreo en el Caribe—, Trump mantuvo la ambigüedad estratégica. «No puedo decirles cuál es el objetivo. Probablemente deberían saber cuál es», respondió a los periodistas, sugiriendo que el desenlace buscado es evidente sin necesidad de verbalizarlo.

