Yelitse Espinoza es la madre de Luis Istúriz, dirigente del partido Vente Venezuela en el estado Miranda y miembro del equipo político que acompaña a María Corina Machado. Desde el 24 de agosto de 2024, Luis se encuentra detenido en la sede del SEBIN, en El Helicoide, bajo cargos que su familia considera completamente infundados.
En entrevista con La Gran Aldea, destacó que todo ha sido difícil tanto emocional como económicamente.
«Aunque, gracias a Dios, nos hemos unido: su esposa, mis dos hijas y yo. Ahí nos damos fortaleza y seguimos adelante porque tenemos fe y esperanza de que esto pueda cambiar. Deseamos que Luis y todos los presos políticos sean liberados, porque hacer política no es un delito. Ninguno ha cometido ningún tipo de crimen. Luis es abogado penalista; hay gente muy profesional que debería estar sirviendo al Estado para sacarlo adelante, pero están allí, siendo personas inocentes».
«Nos hemos unido y oramos mucho. Estar juntos y pedir que este proceso termine para que mi hijo regrese a su casa, sobre todo por sus niños. Luis tiene dos hijos: una niña de seis y un niño de cuatro años. Es bastante difícil».
¿Qué le dice usted, como abuela, a esos niños sobre la situación de su papá?
Hasta ahora les hemos dicho que su papá está trabajando con María Corina y que pronto regresará a casa. Sin embargo, después de ocho meses, ya están empezando a hacer muchas preguntas.
Desde el equipo de María Corina nos ofrecieron ayuda para canalizar apoyo psicológico para los niños, y me imagino que eso permitirá irles diciendo la verdad poco a poco. Ese proceso todavía está por realizarse.
Los niños van al colegio, practican deporte, y los martes están dedicados para que puedan ver a su papá.
¿Qué comentan ellos del lugar? ¿Han preguntado por qué tienen que ver a su papá allí?
Sí, preguntan. Pero les decimos que está trabajando. Cuando ven a los guardias en la primera puerta (que están armados) nos preguntan, y les explicamos que están ahí para proteger el lugar
Con los niños hay un trato especial: no los revisan y hay respeto, como debe ser.
¿Qué cambios han tenido que hacer en su vida cotidiana desde la detención?
Al principio fue muy difícil retomar la vida normal. A mí todavía me cuesta mucho. Teníamos un negocio, un salón de belleza, y tuvimos que cerrarlo por toda la situación: persecución, parte económica… La decisión se tomó como la mejor opción para tener menos problemas y menos angustia.
Gracias a Dios, mis hijas trabajan, son profesionales. Yo estoy en casa. Ellas me ayudan, igual que la esposa de Luis. Además, Luis tiene amigos que también han colaborado, sobre todo con el colegio de los niños. Tenemos familiares que ayudan con la merienda. Entre todos hemos formado un equipo para poder seguir adelante ante la ausencia de Luis, tanto física como económicamente.

