De acuerdo con un reporte de Semana, el ministro de Defensa de Colombia, Iván Velásquez, se reunió con su contraparte venezolana, el general Vladimir Padrino López, en San Cristóbal, Venezuela, para discutir las graves consecuencias de la violencia perpetrada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros grupos armados en la región fronteriza del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, durante la tarde de este viernes 24 de enero.

Durante una rueda de prensa en Cúcuta, Velásquez desmintió la presencia de Diosdado Cabello en Colombia, confirmando que el dirigente político había estado en la parte venezolana del Catatumbo, una zona igualmente afectada por la actividad de grupos armados ilegales. El ministro colombiano describió la situación en la región como crítica, mencionando que miembros del ELN iban de casa en casa con listas para asesinar a civiles.

En la reunión, Velásquez planteó la urgente necesidad de cooperación entre Colombia y Venezuela para capturar a los miembros del ELN que operan desde el territorio venezolano y detener sus actividades criminales. El ministro destacó la importancia de coordinar esfuerzos binacionales para contener a la organización y mejorar las operaciones militares colombianas, previniendo el movimiento de terroristas entre ambos países.

Uno de los temas centrales de la conversación fue el narcotráfico, dado que el Catatumbo es una de las mayores zonas de cultivo de coca en Colombia, con aproximadamente 44 mil hectáreas dedicadas a este cultivo. Velásquez subrayó que gran parte de la cocaína producida en esta región se exporta hacia Venezuela, el Caribe y La Guajira, evidenciando la imperante necesidad de una acción conjunta para combatir este flagelo.

Además, los ministros hablaron sobre la situación en el departamento de Arauca, una región que, aunque no produce cocaína, se utiliza como un corredor de tránsito hacia los estados venezolanos de Apure y Amazonas. La reunión en San Cristóbal marcó un esfuerzo significativo por parte de ambos países para abordar no solo la seguridad fronteriza sino también los problemas asociados con el tráfico de drogas y la violencia armada, buscando soluciones que beneficien a las comunidades afectadas por estos conflictos.