Una investigación de NBC News puso en tela de juicio la justificación central de la administración de Donald Trump para su campaña militar sin precedentes contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en América Latina. Mientras el presidente Trump y el Pentágono sostienen que los ataques —que ya suman 21 incidentes letales y más de 80 fallecidos desde septiembre— están «salvando vidas» al impedir la entrada de drogas a Estados Unidos, funcionarios actuales y antiguos, así como expertos en narcotráfico, aseguran que la realidad logística de los cárteles contradice esta narrativa.

Según las fuentes consultadas, los cárteles que operan en el Caribe, donde se ha concentrado la mitad de los ataques militares estadounidenses, transportan mayoritariamente cocaína con destino a Europa, y no hacia Estados Unidos. Christopher Hernández-Roy, investigador del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), explicó que «el fentanilo no sale de Venezuela, el fentanilo viene de México». Según el experto, el mercado europeo de cocaína se ha disparado por ser más lucrativo —un kilo puede valer hasta 80.000 dólares en Europa frente a 28.000 en EE. UU.— y presentar menores riesgos judiciales. Un funcionario estadounidense corroboró esta versión, indicando que la cocaína representa el 90% de las drogas procedentes de Venezuela y que «casi toda tiene como destino Europa».

La administración Trump ha justificado los ataques alegando que cada barco hundido salva «25.000 vidas» al detener el fentanilo. Sin embargo, los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y expertos señalan que el fentanilo, responsable de la mayoría de las muertes por sobredosis en EE. UU., ingresa casi exclusivamente por tierra a través de la frontera con México, no por vía marítima desde el Caribe. Esta discrepancia ha generado inquietud entre aliados de la OTAN, al punto que el Reino Unido ha comenzado a retener información sobre el tráfico de drogas debido a la preocupación de que los ataques puedan violar el derecho internacional y constituir ejecuciones extrajudiciales.

Además, expertos como William Baumgartner, contralmirante retirado de la Guardia Costera, advierten que la estrategia de «disparar a matar» es contraproducente para la inteligencia. «La mayor parte de nuestra información proviene de personas que capturamos», señaló, explicando que al eliminar a los tripulantes —a menudo jóvenes reclutados por sumas irrisorias— se pierde la oportunidad de interrogar y desmantelar las redes logísticas de los cárteles. En esta misma línea, Rahul Gupta, exdirector de la política antidrogas de la Casa Blanca, calificó las medidas de «simbólicas», advirtiendo que «el simbolismo no va a desmantelar los cárteles» ni su sistema financiero.