Elecciones “libres y justas” a la medida del chavismo

Opinión | noviembre 1, 2022 | 6:24 am.

La única urgencia que parece tener el régimen chavista es cruzar cuanto antes el umbral de un nuevo fraude electoral que le otorgue a Nicolás Maduro seis años más de gobierno. La urgencia no obedece a que la falsa oposición sea una amenaza real en lo político o electoral. Tampoco es la respuesta a la presión inexistente de los Estados Unidos que parece más interesado que nadie en entenderse con el régimen chavista. La ausencia de presiones reales externas sobre el régimen chavista ha permitido liberar el juego de contradicciones internas que sí podrían poner en peligro la estabilidad del Estado Chavista.

Cuando Nicolás Maduro evade los desfiles militares no es precisamente por temor a un ataque de la falsa oposición o de los EEUU. Es el pánico a los disidentes dentro de su propio grupo a lo que teme Maduro, especialmente a aquellos que están en el sector militar donde no ha quedado más remedio que espiar a escala masiva para tratar de entender quién es quién y donde se comienzan a cruzar las lealtades y los cables de una posible conspiración.

En lo político hay una larga lista de operadores chavistas, civiles y militares, que han sido detenidos por sospecha de conspiración y otros puestos en cuarentena o aislados incluso de cualquier participación pública. El papel del ex ministro del Petróleo Rafael Ramírez ha sido confirmado por operadores chavistas como la pieza clave que estaría reclutando personal civil y militar para una insurgencia en contra de Nicolás Maduro desde las entrañas del propio régimen. Ramírez no solo tendría las conexiones sino además los recursos para articular una operación de esta naturaleza. Esto no es secreto para la macolla del régimen (Maduro, hermanos Rodríguez y Padrino López) que ya está actuando en consecuencia.

Una crisis política y militar dentro del régimen chavista sí representa un peligro real para la estabilidad del Estado Chavista a diferencia de la participación de la falsa oposición en el fraude electoral o de las inocuas sanciones que los Estados Unidos le ha aplicado al chavismo. Por eso los operadores del régimen se han movido con rapidez y destreza para tratar de avanzar a un nuevo status quo en el cual se crean las condiciones para la cohabitación oficial con la falsa oposición y el entendimiento con los Estados Unidos.

Lograr esta situación de aparente normalidad cuanto antes se ha convertido en la obsesión de los jerarcas del Estado chavista cuyas bases clientelares civiles y militares no ocultan su descontento ante el dramático fracaso de su proyecto. Si los chicos de Voluntad Popular lograron enrolar en sus improvisadas aventuras a militares de alto rango a cambio de promesas ¿Qué tan lejos podría llegar Rafael Ramírez con algo más que promesas en sus alforjas?

Esta es la razón por la cual el régimen chavista resolvió adelantar las elecciones para el 2023. Para lograr esto no encontrará resistencia ni de la falsa oposición ni de los Estados Unidos, ambos factores apurados también en pasar la página de las confrontaciones con el chavismo para iniciar una nueva etapa de tolerancia e insignificantes ataques retóricos. Establecidas y satisfechas las demandas tanto de la falsa oposición como de los Estados Unidos, el régimen concentraría sus fuerzas en aplastar cualquier intento de subversión desde dentro antes de finales del 2023, si antes no ocurren eventos sobrevenidos.

Para hacerle el trabajo fácil al régimen chavista tanto la falsa oposición como el Departamento de Estado norteamericano han cerrado su petición fundamental en elecciones “libres y justas”. Elecciones libres y justas no solo es una frase hueca carente de contenido sino una petición simbólica en la cual ni siquiera la falsa oposición y los EEUU se la creen. De hecho la falsa oposición ya está embarcada en participar en el fraude electoral chavista sin ni siquiera discutir con el chavismo unas garantías mínimas de transparencia en el proceso. Por su parte la insistencia de los funcionarios en que se celebren elecciones libres y justas cuanto antes solo parece calzar como anillo al dedo en la estrategia del chavismo.

El engaño y la estafa ocurren cuando tanto la falsa oposición y el gobierno norteamericano piden escuetamente unas elecciones “libres y justas” sin molestarse en darle un contenido y un sentido con alguna significación a esa frase que es vendida como la exigencia más contundente para obligar al chavismo a negociar. Toda una burla en la cara de los venezolanos. Pero esta no es la primera vez que ocurre. Ya son 20 años de estafas y engaños.

Mientras la falsa posición y los EE.UU. siguen enredados en su juego de palabras el régimen chavista y sus órganos no perderían un minuto en llenar de contenido la frase hueca. Toda la pseudo legalidad en la que se monta el régimen chavista y que es incondicionalmente aceptada por la falsa oposición y los Estados Unidos entrara en acción para explicar lo que son unas elecciones libres y justas. Para que se cumpla con esos extremos solo haría falta “forzar» al chavismo para que en la mesa de negociaciones acepte una fecha cierta, la inscripción de varios candidatos, la presencia de testigos internacionales, y el compromiso de aceptar los resultados que anuncie el Consejo Electoral chavista. Todo sería acordado, decidido y resuelto según la “legalidad” establecida desde 1999 y cuyos resultados ya son conocidos.

Así las demandas de tanto de la falsa oposición como de los Estados Unidos se verían totalmente satisfechas y presentadas como una victoria que se le arranca al régimen. Todos tendrán sus elecciones libres y justas…a la medida que conviene al chavismo.

@humbertotweets