El parlamento (in)útil

Opinión | junio 14, 2022 | 6:26 am.

“ … Ese riesgo es mayor en aquellas sociedades donde los partidos son, antes que nada, máquinas autoritarias para conseguir el poder, los ciudadanos participan escasamente en las decisiones públicas y, en general,  donde la anomia es un lugar común de todas aquellas sociedades escasamente desarrolladas desde una perspectiva democrática” Agapito Maestre (*)

Nadie duda de que, por su origen y sello militar, el presente régimen concentra todas sus relaciones políticas en el juego dialéctico cada vez más perverso de amigo – enemigo, haciendo del  amiguismo (o compadrazgo) y la corrupción sus extraordinarios medios y resultados.

Prosiguiendo a Maestre en un viejo y meritorio libro, que refleja, fielmente, a quienes se apoderaron del Estado, los partidos de oposición no constituyen el mejor ejemplo de integración, participación, convivencia y respeto ciudadanos, siendo tan anómicos (personas que presentan una conducta que no se ajusta a las normas sociales establecidas), como todo lo que tocan.

Esto hace que el mejor ejemplo sea el Parlamento  que no cumple con los fines proclamados. Se dirá, porque está reducido a unas sesiones de Zoom al mes, bajo la presidencia de Juan Guaidó,  arrebatada la propia sede, con buena parte de sus integrantes en el exilio, un caso atípico en el mundo, pero también que, aun hallándose en su domicilio natural, no hizo el trabajo que le correspondía. Nada casual, como no lo hace tampoco la llamada Asamblea Nacional de 2020, presidida por Jorge Rodríguez.

Si lo comparamos con el siglo XX, se puede aseverar que en el XXI no ha habido Parlamento. Hay una pobreza calculada, pero también real del debate protagonizado por los buhoneros de la política que hemos tocado en artículos anteriores, toda designación de las autoridades del Estado (incluyendo  embajadores) le pasan encima a los comités de postulaciones o la comisión de Política Exterior, prevalecen las centenares de leyes aprobadas por vía de la habilitación presidencial de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En última instancia, dándole la razón al filósofo español, nunca antes se ha había visto un control tan acérrimo del Poder Legislativo por el Psuv y también por el G-4, ambos consorcios autoritarios que invocaron y acabaron con la diversidad de lo que fueron el Polo Patriótico y la Mesa de la Unidad.

En días recientes, se realizó una conexión digital con venezolanos que tienen la inmensa fortuna de cursar estudios superiores en Brasil y México. Se pusieron de acuerdo nuestros cuatro coterráneos para celebrar una serie de entrevistas con quienes desempeñamos o todavía desempeñan la diputación venezolana. Sin que sepamos aún sus nombres, cumplieron con el objetivo de entrevistar tres senadores electos del Congreso de 1998,  tres diputados electos para la Asamblea Nacional de 2000, siete de 2010 y diez de 2015. Todas fueron preguntas densas y bien estructuradas de las que, obviamente, no podemos dar mayores noticias. Y aunque los cuatro doctorandos participaron de la sesión, por lo menos a la que me hicieron el honor de invitarme, generándose la discusión, en hora y media de sesión, unos resultados van para México y otros, para Brasil.

Interesante ejercicio, fui autorizado para el siguiente comentario: sin precisar los porcentajes, el seguimiento de las sesiones de la Asamblea Nacional de 2015, publicadas en YouTube y cuando la dicción del lector de las actas es clara, arroja grandes saldos de inasistencia después de 2017, incorporándose los suplentes sin que los principales hayan solicitado permiso para ausentarse por semanas o dualidad en el cargo y votación. La situación parece consolidada desde finales de 2018, con el exilio forzado, pero también voluntario, de un número significativo de diputados que salen y entran libremente por Maiquetía.

La constitución de la Comisión Delegada, que es la que realmente vota ― por mucho que asistan los restantes diputados―, permitió solapar el fenómeno de las inasistencias, pero todavía más de las renuncias: las hubo públicas y bien tuiteadas en diciembre próximo pasado que, al parecer, nunca se materializaron, y solo la Contraloría General sabe lo que se declaró en la cesación de funciones del 6 de enero de 2021, con su respectiva declaración jurada de bienes. A unos y a otros, no les interesa publicar los resultados. Más anómico aún, no se sabe quiénes conforman la AN de 2015 por defecto, porque la de 2020 no se sabe por exceso, al aumentar significativamente – incluso – el número de suplentes.

Lo  interesante es que hay un impresionante porcentaje de diputados que, después del 5 de enero de 2021, renunciaron y jamás intervinieron públicamente en sus sesiones, pero cuando vemos las votaciones muchos aparecen.  Hasta el sol de hoy, es baja la rotación de oradores de los principales partidos, y alta la de las fracciones más pequeñas. Se trata de la Comisión Delegada, pero pueden intervenir otros diputados.

Me dicen que los discursos más combativos y convincentes son los de las minorías, pero sabiendo el número de los integrantes de sus fracciones, y consultadas sus redes sociales, por muy activas que sean en ellas, no participan del debate parlamentario. Cabe preguntarse ¿por qué Guaidó o los partidos no los dejan?

No obstante, la insinceridad, en cuanto a la composición real de la AN de 2015, quizá, puede comprenderse porque no le interesa que el régimen vea el número exacto de sus deserciones y porque bastaría el video mismo como prueba para imputar por usurpación de funciones a quienes osen hablar en esas sesiones digitales. Es decir, hay miedo. Pero también puede decirse, cumpliendo con una exigencia mínima y, quizá, la única que cabe, quien jamás ha hablado después del 5 de enero de 2021 hasta la fecha, no puede cobrar sin trabajar (si es algún día les pagan, como aseguran todos los diputados).

Esta es nuestra realidad parlamentaria, que no es de extrañar en esta realidad política y social anómica que estamos atravesando. A medida que pasa el tiempo, sigue la descomposición institucional que para algunos, o para las nuevas generaciones que solo han vivido en el caos, consideran normal esta forma de estructura parlamentaria. Por lo que debemos mostrar la otra cara. Seguir resistiendo, insistiendo y persistiendo en retomar el camino de la  normalidad democrática con valores que nos impulsen a más y que todos podamos ejercer en la función que nos corresponde. Con ello lograríamos devolverle la majestuosidad y funcionabilidad al parlamento Venezolano.

@freddyamarcano

 (*) “Modernidad, historia y política”, Editorial Verbo Divino, Navarra, 1992:  149.