El robo nuestro de cada día

Opinión | mayo 31, 2021 | 6:30 am.

Todos los días recuerdo a mi amigo el Rabino Pynchas Brener. No sólo por sus enseñanzas y su grata conversación, sino porque hace como quince años él me dijo: “La crisis venezolana es política. ¡Claro que es política! La crisis venezolana es económica. ¡Claro que es económica! La crisis venezolana es social. ¡Claro que es social! Pero la mayor crisis que tenemos en Venezuela es la crisis de valores».

Hugo Chávez corrompió a su círculo más cercano para tenerlos con la rienda corta y poder dominarlos. Pero esa corrupción permeó hacia abajo. “Si mi jefe roba, ¿por qué no voy a robar yo…?” es el razonamiento o la excusa.

Ahora, Nicolás Maduro ha permitido el robo no sólo como mecanismo de chantaje, sino para pagar los sueldos que no tiene cómo pagar, o sencillamente, no quiere pagar. Así, los soldados que están en las alcabalas los días de cuarentena radical se hacen de un sueldazo mensual, que ya quisieran ganar los profesionales venezolanos. De igual manera, los empleados públicos, que para cualquier diligencia piden desde una “ayudaíta” (puede ser para obtener un documento legal, un permiso, un servicio, un cupo y ahora para las vacunas) hasta “para el “doctor” o la “doctora” y “eso sí, me lo trae en dólares en efectivo”.

Escribo este artículo después de enterarme de que una cuadrilla de Cantv fue a “reinstalar” una línea de teléfono en casa de los vecinos de un primo mío. Él los vio llegar, porque el poste de teléfono está justo en la entrada de su casa. Se acercó y a guisa de chanza, les dijo “cuidado me cortan mi línea”. ¡Bingo! No habían pasado unos minutos cuando se le fue el Internet que tiene asignado a su línea telefónica: se la habían cortado. Salió a decirles que le habían cortado la línea. Los técnicos ni se inmutaron. Mi primo les tomó fotos para documentar el abuso. Pero ellos siguieron como si nada.

El que estaba en la escalera terminó de bajar, la dobló y la metió en la camioneta. El otro, que parecía ser el jefe, le dijo “nosotros no tenemos que ver nada con eso”. “¿Cómo no van a tener que ver con eso si estaba funcionando hasta que ustedes empezaron a jurungar los pares?”, les reclamó. Dos técnicos que estaban más arriba se acercaron. “Bueno, si quiere tener línea, eso le va a costar unos realitos”. Mi primo entró en cólera. La educación con que los trató inicialmente dio paso a reclamos muy severos y hasta groseros, producto de su ira. Pero los tipos se fueron tranquilazos. Total, ya habían cobrado. Si mi primo quería su línea de vuelta, tendría que bajarse de la mula de igual manera.

Los vecinos pagaron $250 por recuperar su línea. ¡Doscientos cincuenta dólares equivalen a cien sueldos mínimos o más! ¿Es que hay que pagarles a todos los que prestan servicios, aparte de lo que cuesta el servicio? La Cantv ha subido las tarifas y presta el peor servicio del mundo. Ya casi nadie tiene teléfono de una compañía que cuando estaba privatizada, funcionaba a las mil maravillas. Pero no, la “nacionalizaron”. ¿Para qué? ¡Para destrozarla, como han destrozado todo el país y luego convertirla en un antro de abusos y robos!

Yo no sé cómo vamos a reconstruir el país cuando esto se acabe. Pero sé que va a costar mucho. La corrupción se convirtió en una manera de vida y… ¿cómo se detiene eso?

Si estuviera vivo mi queridísimo y admiradísimo Luis Alberto Machado me diría: “con educación, educación y más educación… La educación no es una prioridad… ¡La educación es LA prioridad!

Pero no hay que perder las esperanzas. Todavía queda algo de reserva moral en el país. Y esa reserva tendrá que hacer acopio de todos sus recursos para enfrentar al monstruo que está comiéndose al país desde sus entrañas.

@cjaimesb