Jacobo Borges, “El Negrito de Catia”

Opinión | junio 25, 2020 | 6:18 am.

El escritor y dramaturgo catiense José Ignacio Cabrujas cuando se refería a Jacobo Borges, cariñosamente lo llamaba “El Negrito de Catia”. Fueron amigos, compañeros de adolescencia y juventud. Caminaron y crecieron juntos en la misma barriada, los mismos amigos, la camaradería. Con el correr de los años se hicieron hombres de las letras y las artes.

Jacobo Borges Morales, hoy con sus 89 años, sigue activo, produciendo, creando. Es un artista que ha desarrollado su obra como pintor, dibujante, cineasta y escenógrafo. Un icono de la pintura reconocido en las grandes galerías del mundo. Casado con Diana Carvallo, de esa unión nació Ximena, quien siguiendo los pasos de sus padres, es soprano y compositora.

En 1995 el gobierno de la ciudad de Caracas inaugura un Museo con su nombre en el vecindario donde él creció, Catia, Museo Jacobo Borges, el cual está concebido como un Eco-Museo donde se impone un criterio antropológico de la cultura. En esos terrenos quedaba la famosa cárcel “El Retén de Catia”.

De El Cementerio al Museo de París

Nació en el barrio El Cementerio de Caracas, Venezuela, el 28 de noviembre de 1931. Sus padres fueron doña Teolinda Morales y don Neptalí Borges. El año de su nacimiento sucedieron dos hechos relacionados con el arte y la cultura de gran significación para el país. El 18 de abril se inaugura el Teatro Principal de Caracas y, el 8 de agosto se funda, por cuarta vez, el Ateneo de Caracas.

Vivió en el barrio natal hasta los cinco años. Sus padres deciden mudarse a la hoy popular barriada de Catia donde pasó la adolescencia y juventud. Allí conoció sus amigos y muchos de ellos de toda la vida, como el caso de Cabrujas que nació en esa barriada, donde compartió y participó en casi todas las actividades que se realizaban en ese sector de la ciudad de los techos rojos de entonces.

El niño que se mató pudo haber sido Jacobo

Todos tenemos recuerdos de hechos sucedidos en la niñez que los llevamos para siempre. Yo, en mi caso particular, de mi Maturín y sus pueblos. Jacobo, refiriéndose a su barrio natal, ha dicho: “vivíamos cerca de El Cementerio. Creo que cuando murió Gómez o cuando moría alguien importante llegaban las carrozas al barrio y me emocionaba ver esas carrozas doradas porque sentía que vivía en un barrio rico”.

A los seis años de edad se había mudado con sus padres a Catia. Le causaba mucha tristeza dejar el lago donde se bañaban, el barranco y el terreno donde jugaban. Se remonta en el pasado y recuerda su travesía a Catia. “Atravesamos una carretera que era la Avenida Sucre, no había muchas casas. Había muchos bosques. Cuando llegamos al lugar de la vivienda, había vacas en Catia. Tomé de niño leche de vaca. Las calles eran de tierra. Había una cementera, una especie de obstáculo para todos los niños. Como a los seis años, sin que los padres supieran, nosotros nos reuníamos en la cementera y tratábamos de subir por un inmenso espacio abierto en el cerro sobre las zonas más verticales y sumamente peligrosas. Uno de esos niños se mató”. Cuando me consigo con este testimonio del Jacobo Borges de hoy, siento que él evoca ese pasado, dándole Gracias a Dios, porque él podía haber sido ese niño que perdió la vida.

Don Nepalí con sombrerito y bailador

Jacobo se iba desde Catia a El Paraíso y tardaban dos horas subiendo y bajando el cerro para llegar a la casa de su tío, que vivía al lado de una hacienda que llegaba hasta el barrio La Vega. Eran unos mangozales. Había muchos mangos, ellos los recogían y los llevaba para comer, pero también los vendía. Ayer y hoy sigue siendo usual la venta de frutas. Hace una descripción de sus padres bien interesantes, lleno de afecto y de ternura. “Mamá era una mujer blanca, muy seria, toda su familia eran catires y mi padre era un negro, era un caballero de buen vestir, con su sombrero, bailador un showman”. Dice que cuando iban a una fiesta “don Nepalí era el centro de atracción en la sala, bailaba con todas las mujeres, mientras que doña Teolinda se quedaba sentada mal encarada”. El perro de Jacobo se llamaba Rin Tin Tin.

Jacobo en el Museo de Arte Moderno de París

Comenzó sus estudios siendo un niño en la escuela de Artes Plásticas de Caracas con el profesor Alejandro Otero, gran pintor y maestro de casi todos los artistas de la época. Estudió en la Escuela de Artes plásticas Cristóbal Rojas. Para costear sus estudios y ayudar a la familia se desempeñó en distintos oficios. Fue Litógrafo. Dibujante con Carlos Cruz Diez, en la publicidad McCann – Erickson. En esa época conoce al pintor Armando Reverón y al poeta cubano Alejo Carpentier.

En 1951, se incorpora al Taller Libre de Arte y exhibe sus primeros trabajos. Ese año se gana el Primer Premio en el concurso de pintura joven que organiza el diario El Nacional, consistente en un viaje a París. Realiza diversos trabajos y permanece en la ciudad luz por cuatro años. Expone en el “Salón de la Joven Pintura” en el Museo de Arte Moderno de París. Ya Jacobo estaba jugando en las grandes ligas y su obra se afianza en las confrontaciones plásticas nacionales e internacionales.

De París al Museo de Bellas Artes de Caracas

En 1956 regresa a Caracas. Trabaja duro con la experiencia adquirida en Europa. Expone sus obras en diversas galerías, en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Bienal de Venecia y el Bienal de Sao Paolo, así como otras presentaciones dentro y fuera de Venezuela. Trabaja en escenografías para Teatro. Colabora con los grupos Tabla Redonda y El Techo de la Ballena.

Entre los años 1960 y 1966 recibe diversidad de premios nacionales e internacionales. En 1966 se da un receso en la pintura durante cuatro años, dedicándose al estudio y experimentación de nuevos medios de comunicación visual: Cine y multimedia.

El año 1975, Jacobo, trabajando en equipo con Josefina Jordán, Perucho Laya, Pepe Garrido, Raúl Fuentes y Régulo Pérez, entre otros, organiza en Parque Central de Caracas la exposición “Visión de Venezuela”. Basada en murales, fotomontajes, audiovisuales y textos, fue todo un éxito.

Pudo haber sido Guardia Nacional y no pintor

En una Universidad de México está Jacobo dictando una conferencia, e hizo referencia a un episodio que le sucedió la primera vez que entró al taller de un escultor. Comenta que estaba un niño pintando un barquito y lo coloreaba con lápices de distintos colores, y él, con la boca abierta viendo que empezó con el amarillo, siguió con el rojo, el azul y lo pintó, quedó impresionado y le dijo “¡Regálamelo! “Y él niño le contestó: “No te lo voy a regalar porque tú vas a decir que es hecho por ti”.

Años más tarde iba caminando por la avenida Andrés Bello de Caracas, era la época de la dictadura de Pérez Jiménez, y un Guardia Nacional lo llama “Borges”. Él lo ve, no lo reconoce y piensa que pueden embromarlo. Era una época dura, el militar continúa: “Yo soy Cuervo. ¿Tú no te acuerdas que me querías robar el dibujo que yo había hecho?”. A la pregunta de por qué él recordaba ese hecho ocurrido hacía tantos años, el rector de la Universidad le dijo: “Ponte a pensar, que tú pudiste ser el Guardia Nacional y él el pintor”. Ese es el significado, porque a lo mejor no se hubiese interesado por la pintura. Comparto plenamente ese criterio.

Diana Carvallo y Jacobo Borges en la política

En los primeros años de la década de 1970, el mundo intelectual, artístico, universitario, orbitaba alrededor del legendario Teodoro Petkoff, ex guerrillero, ex preso político, profesor universitario, autor de dos fugas de películas quien abandonó las guerrillas y fundó el MAS. Inclusive Gabriel García Márquez le donó a Teodoro para la fundación de ese partido político, todo el dinero del Premio Rómulo Gallegos que en 1971 se ganó con la novela “Cien años de Soledad”, la que 11 años después lo llevó al Nobel.

Para esa época ya Jacobo era un monstruo fuera de serie. Un pintor con los quilates reconocidos. Junto a Régulo Pérez, José Ignacio Cabrujas, Manuel Caballero, Pedro León Zapata, Perucho Laya, Cesar Cortez y otras personalidades estaba en la búsqueda del socialismo a la venezolana.

El año 1975 Jacobo era el jefe de propaganda del MAS. Ahí conoció a Diana Carvallo, diseñadora gráfico, escultora, intelectual. Diana trabajó en el área de propaganda del partido bajo la dirección de Jacobo. Hacía diseño, murales, muy metida en la campaña política sin ser militante. Ahí se conocieron. Ella lo admiraba. Nació ese amor que 45 años después sigue fuerte como un Roble.

A Jacobo Borges lo veíamos con mucha frecuencia en la UCV y en el MAS. Él era miembro de la dirección nacional del partido y el jefe de la propaganda, los grandes murales y las vallas de los “Mitin por la Patria”, “Socialismo a la venezolana”, eran su obra junto a Régulo Pérez. Pavel Rondón dirigía la brigada universitaria de propaganda, nosotros en la facultad de Derecho salíamos los fines de semana por los estados a reproducir los murales y las pintas para el partido con Livio Agüero a la cabeza.

Ni Diana es Frida ni Jacobo es Diego”

Carlos Flores León-Márquez (Climax) refiriéndose a ambos artistas y cónyuges, al comentar la máxima obra de ellos, el mejor fruto que han dado, ha dicho “..Ni Diana Carvallo es Frida Kahlo ni Jacobo Borges es Diego Rivera: sus historias no se parecen siquiera. Sus obras no tienen nada que ver entre sí, pero ambos son artistas y los dos decidieron cruzar sus pinceles en un solo lienzo enmarcado con el ébano de la vida y titulado Ximena, su amantísima hija…”. Que maravilloso, eso habla solo.

Jacobo, Cabrujas, Chaplin y Picasso

Son múltiples las anécdotas de Cabrujas sobre Jacobo Borges y sus vivencias en Catia. “Cuando ya eran jóvenes para hombres”, Jacobo siempre estaba en las reuniones pero no hablaba. No era tomado en cuenta, “..muy mal vestido, pero un día les dijo que él quería ser pintor y que estudiaba en la Escuela Cristóbal Rojas. A ellos les pareció gracioso, no le daban jerarquía a la pintura.

“Pero Jacobo pintaba en el suelo de la plaza Pérez Bonalde (Catia). Allí quedaron obras fabulosas pintadas al carboncillo, dibujaba y dibujaba”. Les “hablaba de su papá, que era mecánico y tenía un proyector de cine de 16 milímetros con el que pasaba una película de Chaplin que Jacobo ponderaba mucho; y decía que era muy graciosa. Hasta el sol de hoy sigue repitiendo lo mismo”. Cabrujas dijo que “una de las últimas veces que hablé con Jacobo me volvió a hablar de Chaplin exactamente como lo hacía en Pérez Bonalde, igualito con la misma emoción”. El dramaturgo decía que Jacobo tenía pasión por Chaplin y ellos no. La próxima vez que yo vuelva a ver a Jacobo Borges le preguntaré por Chaplin, para que me eche el cuento.

Jacobo regresó de París y fue a Pérez Bonalde a contarles a los amigos que había conocido a Pablo Picasso en una playa. Le dijo que era venezolano y pintor. Eso lo convirtió en un personaje. Picasso le preguntó: “¿Usted quería decirme algo?”. Y Jacobo le dijo: “Si, yo le quería decir una cosa: que usted es un gran pintor”. Picasso sonriente se marchó. Comentaba Cabrujas que cuando Jacobo hacía esos comentarios hasta a ellos les daba ternura. Decía que era faramallero e imaginativo con una capacidad delirante.

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